Hijos de la crisis

Crisis: Mi generación ha sido testigo y participante de trece devastadoras crisis económicas en los últimos años. Aquí la letanía: 1981 Crisis de las sociedades de ahorro y préstamo en EUA. 1982 Crisis de la deuda externa en México. 1987 Crack de las bolsas de Nueva York y Mexicana de Valores. 1989 Crisis de los bonos chatarra (junk bonds) en EUA. 1990 Crisis financiera en Japón. 1992 Crisis cambiaria en el sistema europeo. 1994 Crisis financiera (efecto tequila) en México y Fobaproa. 1997 Crisis financiera en Asia (efecto dragón). 1998 Crisis en Rusia (efecto vodka). 1999 Crisis brasileña (efecto samba). 2000 Crisis del NASDAQ y desplome de las acciones de empresas punto.com en EUA. 2001 Crisis en Argentina (efecto tango).  2008 Crisis subprime en EUA.  A posteriori abundan las explicaciones. Y algunos analistas económicos hacen malabares para hilar razones comprensibles, aunque parciales. Como todo sistema, la respuesta nunca se encuentra sólo en alguna parte sino en el sistema económico completo. Hay todavía expertos que no aceptan las deficiencias del modelo económico y siempre encontraran una explicación a toro pasado. Argumentando así, que la crisis en 1982 de la deuda externa en México fue resultado de un alza en las tasas de interés internacionales, provocada por las presiones inflacionarias que desató el alza del petróleo. O que la crisis de 1994-1995 en México resultó únicamente de una errónea ampliación de la banda cambiaria, o de la desaforada emisión de tesobonos pagaderos en dólares para sostener el ancla cambiaria-inflacionaria durante el sexenio salinista. La teoría económica ofrece diversas explicaciones para la génesis de las crisis, y estas tradicionalmente se agrupan en cuatro modelos: El modelo monetarista representado por Milton Friedman; El modelo de creatividad destructiva representado por Joseph Schumpeter, el modelo Keynesiano de las fluctuaciones en la eficacia marginal del capital; y el modelo Marxista de asimetrías en la valorización del intercambio monetario entre los factores de la producción. Pero cuando la idea es repartir culpas de las crisis, las favoritas suelen encontrarse en tres categorías.  Los neuro-economistas que sostienen que los seres humanos somos codiciosos, gregarios y miedosos, y por eso corremos a invertir en instrumentos riesgosos que prometen una rentabilidad increíble, pues creemos ser más sofisticados que nuestros vecinos, y porque también a las primeras bajas vendemos en estampida.Los neo-institucionalistas, que sostienen que los verdaderos culpables son las instituciones gubernamentales, quienes con regulaciones laxas al sistema financiero toleran la exuberancia irracional y propician el riesgo.Y los conspiracionistas, quienes afirman que todo es una infernal maquinación del “Gran Capital” para seguir sojuzgando el mundo. 


 @hhramos