Sentido contrario

Las dos vidas de una princesa

Su vida, que parecía como de un cuento de hadas, terminó de golpe al modo de un sangriento thriller colmado de secretos, misterios, sospechas y encubrimientos en un ambiente de palaciego luto. Es normal entonces que la película sobre Grace Kelly que acaba de terminar Olivier Dahan, un cineasta francés bastante bueno, emprendiera durante el rodaje una suerte de camino propio en dirección a la verdad y acabara sacando de sus casillas a la familia Grimaldi.

La esposa estadunidense del príncipe Rainiero de Mónaco se instaló de lleno en la leyenda desde las 10:30 de la mañana del lunes 13 de septiembre de 1982, cuando iba en su auto rumbo al taller de su modisto y acabó en el fondo de un barranco después de rodar 40 metros dando tumbos y volteretas. Había sido la princesa del cuento de hadas durante 26 años. Murió en la noche del día siguiente a los 52 a causa de una hemorragia cerebral derivada de los golpes sufridos en la cabeza.

En medio del duelo asomaron entonces las dudas, las acusaciones disimuladas, las preguntas sin respuesta. El auto de Grace se desbarrancó en una estrecha carretera de dos vías y 50 curvas pronunciadas. La única que hay en Mónaco, la misma que había recorrido miles de veces. Debe haberla conocido como la palma de su mano.

Cuando su vida no era aún la de una princesa trágica, sino la de una actriz elegante y sexy, a mediado de los cincuenta, había filmado en esa misma carretera al lado de Cary Grant una secuencia memorable de Para atrapar a un ladrón, de Alfred Hitchcock. Al volante de un elegante convertible azul de dos plazas bajaba a toda velocidad por el camino, haciendo rechinar sus ruedas. En una curva, se topaba de frente con un viejo autobús que lograba esquivar peligrosamente. Luego se le atravesaba una anciana lavandera atolondrada. A punto de atropellarla, conseguía frenar. Un poco más adelante frenaba bruscamente de nuevo al descubrir un pollo picoteando sobras de comida en medio de la carretera. Finalmente se detenía en un estrecho claro de la carretera y organizaba un sorpresivo picnic.

“Estaba un poco asustado”, relataría luego Cary Grant: “Grace conducía de un modo errático y había bastante tráfico. Debo confesar que me sentí inquieto. Le pregunté que a dónde diablos iríamos a parar y me respondió: ‘No te pongas pesado, que no traigo mis gafas’”.

En esa carretera, 27 años después, Grace se topó de frente con la muerte en un accidente absurdo. Se dijo entonces que conducía su hija Estefanía, poco hábil para manejar un automóvil en un camino lleno de curvas. Los Grimaldi negaron la versión y tendieron enseguida un manto de secrecía sobre el accidente. Los labriegos que acudieron al lugar y sacaron de la chatarra en llamas a Grace, a su hija y a su perro muerto se encerraron en el mutismo mientras el principado de Mónaco se dedicaba a llorar a la ensangrentada princesa de su cuento de hadas. Las imágenes del acongojado príncipe Rainiero ante el féretro de su amada vagabundearon por los medios durante meses.

Olivier Dahan, que antes ha recreado en el cine las peripecias existenciales de Edith Piaf en La vida en rosa, asumió que contaba con la simpatía de la familia Grimaldi para la filmación de Grace de Mónaco. Filmó de hecho cuanto quiso en tierras monegascas, con todas las facilidades que necesitaba. Pero parece que en cuanto salió de ahí se sintió en libertad para abordar pasajes no convenidos de la vida de la difunta princesa. Los hijos de Grace y quienes vigilaban a su servicio la evolución del rodaje pusieron el grito en el cielo, lanzaron amenazas, advertencias. Parece ser que en la biografía fílmica se hacía alusión a algunos asuntos delicados, tal vez las circunstancias reales de su muerte, de cierto una presunta afición de la princesa a las bebidas alcohólicas en sus últimos años. Una alusión que muchos vieron como franca difamación.

Las presiones de los Grimaldi para volver las cosas a su cauce llegaron muy pronto a las oficinas de Harvey Weinstein, el productor de la cinta, cuyo estreno estaba previsto para la última semana del próximo mes en París. Weinstein y Dahan hablaron, buscaron una solución. La que propuso el primero no le pareció al segundo. Dahan terminó su película y la entregó. Weinstein la rechazó. Y no solo eso: buscó nuevas escenas, cortó las que tenía, modificó las que le vino en gana y se puso a armar su propia película. En esas anda todavía. Cuando la termine habrá dos biografías fílmicas de Grace. Como si la princesa hubiera vivido dos vidas al mismo tiempo, una bonita, otra no mucho, con una muerte atroz. Mientras tanto, en Mónaco nadie habla del asunto.