Sentido contrario

Versace, 20 años después

Hace unos días Michelle Obama apareció por última vez en una cena de gala ofrecida por la Casa Blanca. Los invitados de honor eran el primer ministro italiano, Matteo Renzi, y su esposa, Agnese Landini. Esa noche los ojos de la concurrencia recorrieron de arriba abajo a la esposa del aún presidente de Estados Unidos. No faltó quienes la criticaron con saña. Confeccionado con malla dorada, el vestido Versace que portaba ponía demasiado en evidencia sus frondosas redondeces. Hubo quien la comparó con las estrellas del espectáculo que exhiben sus ropas y sus curvas en las frívolas alfombras rojas de los festejos hollywoodenses. Alguien consideró que se parecía más a Marilyn Monroe o a Beyoncé que a Jacqueline Kennedy.

La primera dama estadunidense se la pasó haciendo guiños a sus invitados italianos. El chef Mario Batali incluyó en el menú un plato de pasta y ella evocó con su vestido a Gianni Versace, una destacada estrella de la moda internacional. Su vestido, de hecho, había salido de los talleres de alta costura de la firma, ahora en manos de la controvertida Donatella, la hermana de Gianni.

En realidad las comparaciones de Michelle Obama con estrellas del espectáculo no están tan desencaminadas si se considera que el fundador de la casa de modas tenía entre su clientela a muchas figuras hollywoodenses y él mismo hacía con frecuencia de sus desfiles de temporada verdaderos shows de luces, colores y música estridente.

Un día, a mediados de julio de 1997, Gianni, de 50 años, salió muy temprano a desayunar en un restorán cerca de su casona en Miami. Al regresar, a punto de entrar en su domicilio, fue baleado a quemarropa de manera sorpresiva en la escalinata por un sujeto que la policía identificó como un asesino serial que solía relacionarse con homosexuales maduros y adinerados. Una semana más tarde, Andrew Cunanan, el sospechoso, fue hallado muerto en una casa flotante. Sin embargo, nunca se pudo confirmar plenamente la identidad del asesino, ni los móviles del crimen, y el caso quedó archivado como un enigma policiaco. Casi 20 años después, la indagación se reduce a un expediente que contiene unas 700 páginas, 13 videos, una pila de fotografías y 17 cintas de audio.

La indagación policiaca puso de cabeza al entorno del diseñador. Al día siguiente del crimen había sospechosos por todas partes, incluidos familiares, amigos y conocidos. Donatella, su hermana, también fue investigada. Se supo que los hermanos tenían disputas con frecuencia, aunque la heredera de la firma lo ha negado siempre. Al frente de la industria familiar rescatada de la quiebra financiera por sus hábiles gestiones, Donatella acaba de publicar a sus 61 un libro de memorias, Versace. Entre sus más de 300 páginas desmiente de nuevo las versiones sobre una mala relación con su hermano: “Siempre hubo desencuentros entre nosotros, pero era bueno. Estoy convencida de que las mejores cosas nacen de momentos de tensión: la realidad es que estábamos siempre pensando en el futuro, siempre buscando cosas nuevas y con frecuencia había discusiones sobre cómo interpretarlo. He sido muy afortunada por ser su hermana. Me ha dejado una riqueza interior insustituible”.

Eso dice, pero para muchos sigue bajo sospecha. Una sospecha difícil de ser corroborada. Entre los más interesados en que el crimen sea esclarecido aunque hayan transcurrido casi 20 años es quien estuvo al frente de la investigación desde el principio, Richard Barreto, jefe de la policía de Miami. Tal vez ahora tiene puestas sus esperanzas en que el caso sea resuelto en el curso de la escritura de los guiones para la saga sobre el tema que está preparando la Fox para la tercera temporada de su serie American Crime Story, que ya abordó el caso del complejo asesinato de la esposa del futbolista OJ Simpson.

Según los investigadores, tras el asesinato de Versace podría hallarse la historia de un robo, una extorsión por compra o venta de sexo, una venganza mafiosa o la simple acción criminal de un sujeto frívolo y de bajo perfil en busca de fama, pero habría que hallar los elementos para probar una u otra de las hipótesis. Ahora cruzan los dedos mientras los escritores de la serie revisan minuciosamente las miles y miles de páginas que se han escrito en estos 20 años sobre el crimen, en particular Vulgar Favors, un volumen investigado y escrito por Maureen Orth, una periodista de la revista Vanity Fair. Tal vez ellos sí puedan desenredar la trama de la muerte de Versace. Quizá podrían toparse de pronto con una verdad que habrá de sacudir muchas conciencias, una verdad que a nadie le gustaría encontrar.