Sentido contrario

La semilla del odio

Se ha hablado y escrito mucho sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero lo que ha predominado son las descalificaciones, los insultos, las amenazas, los pronósticos devastadores. No se ha divulgado hasta ahora un estudio psicológico serio sobre la salud mental de Donald Trump y de lo que sería capaz de hacer en todos sentidos en caso de llegar a la Casa Blanca. Tampoco ha circulado una investigación seria sobre la postura política de la señora Clinton, sobre su coherencia ideológica y su visión de la administración pública. En pocas palabras, sabemos muy poco, más allá de la alharaca propagandística, sobre lo que habrá de significar en los hechos su llegada a la Presidencia.

Antes del trajín político de estos días pocos habían escuchado el nombre de Arlie Russell, una prestigiada socióloga de la Universidad de Berkeley que comienza a ser muy familiar para los lectores de textos de análisis sociopolítico. Lo que la ha convertido en una celebridad mediática es uno de sus estudios sobre las razones de la derecha militante estadunidense, que ha cobrado particular vigencia en la medida en que explica a fin de cuentas por qué con su apoyo el vociferante candidato republicano Donald Trump se encuentra a punto de derrotar en las urnas a la demócrata Hillary Clinton.

Originaria de Boston, parece a sus 76 una joven investigadora empeñada en desentrañar los fenómenos sociopolíticos que marcan a su país. Con ese ánimo pasó cinco años investigando en directo la vida de los habitantes de Luisiana para obtener datos de primera mano sobre la mecánica del funcionamiento del Tea Party, un movimiento de extrema derecha con mucho peso en la vida política estadunidense. Concurren ahí personajes como Tricia Cunningham, una ama de casa cuarentona, consejera nutricional y madre de tres hijos, que se ha dedicado de tiempo completo a la campaña electoral de Trump sin sueldo, ni premios, ni reconocimientos. Solo quiere que gane Trump y ha convencido a 8 mil personas hasta ahora para apoyarlo. Tricia, que aparece de vez en cuando en los medios, tiene sus razones para apostarlo todo por Trump: ha visto cerrada más de una vez la escuela de sus hijos porque se ha detectado la presencia en las inmediaciones de ilegales portando armas de fuego y cuchillos mientras su marido, jardinero de profesión, pierde oportunidades laborales porque los migrantes cobran más barato por hacer el mismo trabajo.

En la región donde ha trabajado Russell no piensan diferente. De sus investigaciones se deduce que el detonador de esa postura tiene que ver con la manera como las autoridades locales permanecen ajenas a las tropelías de las grandes empresas petroquímicas, se hacen las disimuladas ante los abundantes casos de miseria con sus amargas consecuencias y le vuelven la espalda al sentimiento de abandono que predomina entre la población. Ahí, donde crecen todos los días la frustración, el rencor y el odio, es donde Trump está recibiendo sus más significativos apoyos. Ahí, dice, se encuentra la multitud de hombres y mujeres que apoyan su campaña desde 2015: son la base del 44 por ciento del electorado que ha comprometido su voto con el candidato republicano el próximo martes.

La indagación sociológica parece no solo explicar la mecánica interna que, con su arrolladora fortaleza financiera, sustenta la campaña de Trump en localidades estadunidenses, donde la miseria crece y se reproduce todos los días. También la justifica de alguna manera con los testimonios de quienes ven al enemigo por todas partes, al culpable de sus desgracias, un enemigo al que el empresario le ha puesto nombre: el migrante. Y ha alimentado su odio contra ese enemigo todos los días desde hace largos meses y les ha hecho creer, de manera ilusoria, que si los mantienen alejados su vida tendrá que cambiar  para bien.

Lo que muchos se preguntan es qué diablos va a hacer Trump si gana. Cumplir promesas en este sentido parece prácticamente imposible. Las regiones más conservadoras del país solo cambiarán la identidad de su enemigo y el partido al que pertenece. El odio será el mismo.

Como sea, gane quien gane, Estados Unidos ya no será el mismo país luego de este proceso electoral, vislumbra Russell, a la cabeza de las candidaturas a los American Book Awards 2016 con su último libro Extraños en su propia tierra: indignación y duelo en la derecha estadunidense. La grieta que separa a los dos partidos, a la izquierda y la derecha, será más evidente al paso del tiempo. El fenómeno, previene, estará de vuelta, cada vez peor, y lo más preocupante: muy pronto podría aparecer otro Donald Trump, más hábil y peligroso.