Sentido contrario

"Tabú", de nuevo

En Tanna tienen ideas de verdad muy extrañas. Creen que el duque de Edimburgo, el príncipe Felipe, es su dios. Con esas deidades no se puede estar peor que en esta diminuta isla de 20 mil habitantes perdida en las aguas del Pacífico, al este de Australia. Peor aún, tienen ahí la creencia de que el disminuido esposo de la reina Isabel de Inglaterra habrá de llegar algún día para quedarse a vivir entre sus devotos habitantes. Están seguros de que así será porque una leyenda local establece que el príncipe es hijo de Kalbaben, un espíritu maligno, y se habría convertido en un hombre blanco para contraer matrimonio con una extranjera muy poderosa. Pronto estará de regreso según sus creencias.

Hace tiempo, en los años treinta, el cineasta alemán Friedrich Wilhelm Murnau, uno de los grandes maestros del cine expresionista, filmó Tabú en los mares del Sur, al lado del realizador estadunidense Robert Flaherty. Relataba otra leyenda más o menos inocente que a su modo llevaba la tragedia shakesperiana del desencuentro amoroso de Romeo y Julieta a lejanas islas del Pacífico, con otro Kalbaben marcando su triste destino.

En la última película que filmó, poco antes de su muerte en Hollywood en un accidente automovilístico, una nativa joven y bella se enamora de un muchacho de su comunidad, pero el sacerdote la declara al servicio de los dioses. Es tabú y nadie puede mirarla ni tocarla, de manera que los enamorados tratan de huir del sacerdote, su Kalbaben, que los separa. Sin embargo, el anciano custodio de las tradiciones locales los persigue como una suerte de amenazante fantasma omnipresente. Hasta que la historia deriva en una romántica tragedia fatal.

Tabú es una obra maestra del realizador de la célebre Nosferatu, el máximo esteta del expresionismo que brilló en la Alemania de los años veinte, en el periodo de las entreguerras. Después de una trayectoria extraordinariamente brillante en su país, Murnau emigró a Hollywood al inicio de los treinta para prestar sus servicios en la industria fílmica estadunidense. Otros creadores célebres por su relación con el expresionismo, como Fritz Lang, Max Reinhardt y Ernst Lubitsch, viajarían a Estados Unidos más tarde huyendo del gobierno hitleriano, en particular de su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, y dejaron la impronta de su estética en buena parte del cine negro de la época y en los orígenes de la comedia estadunidense.

En aquellos días Robert Flaherty sorprendía al mundo de la cultura con sus temas naturalistas, que daban cuenta de la vida en comunidades aisladas y primitivas, con sus rituales de convivencia, que regían cada renglón del comportamiento del grupo social. La sexualidad quedaba también sujeta a las convenciones establecidas. Su película Nanuk, que relataba las peripecias de una comunidad esquimal, había sorprendido a los observadores de la época, al tiempo que le daba prestigio a Flaherty y elogios a su naturalismo. El tema de Murnau con Tabú se apegaba particularmente a las propuestas de Flaherty, de manera que ambos trabajaron en el proyecto hasta que los separaron algunas discrepancias. La cinta quedó terminada en 1931 y Murnau falleció en vísperas de su estreno al cabo de una trayectoria notable en el cine.

Unos 85 años después, una suerte de réplica de Tabú recorre los festivales internacionales de cine con alguna fortuna antes de llegar a las salas de exhibición. Se trata de Tanna, una cinta realizada el año pasado por dos cineastas australianos, Bentley Dean y Martin Butler. El título alude a aquella pequeña isla perdida en el Pacífico donde creen que el príncipe Felipe es su dios y está por llegar para quedarse para siempre.

Los realizadores no han hecho comentarios que asocien su película con la obra postrera de Murnau, pero su esquema narrativo es prácticamente el mismo: en una pequeña comunidad isleña una pareja de jóvenes lucha por su amor contra las costumbres locales que han entregado en matrimonio a la chica con un guerrero de una tribu enemiga. Dean y Butler filmaron la cinta en locaciones de la isla, con buena parte de los personajes interpretados por los isleños, que no tenían ninguna experiencia con el cine, ni siquiera como espectadores. Todos hablan en su lengua nativa, actúan conforme a sus tradiciones ancestrales y se muestran semidesnudos todo el tiempo, como sucedía en la cinta de Murnau.

Se echan en falta, sin embargo, los recursos estéticos del realizador alemán, en particular sus juegos de luces y sombras derivados del expresionismo, que hacían de Tabú una verdadera obra de arte marcada por un trágico romanticismo.