Sentido contrario

La vida en sociedad

Echo de vez en cuando una mirada a algunas redes sociales. Leo los comentarios de personas inteligentes e informadas, sensibles y lúcidas y me entero de las burlas y agresiones de otras que viven buscando adversarios para una esgrima inútil. Veo también protagonismos y ambiciones secretas y me entero de quiénes han perdido o ganado amistades borrando o agregado a alguien en su lista de interlocutores. En nuestros días las redes sociales parecen tener la máxima importancia y hay quienes las asumen como cruciales para la comunicación y la información. Sin ellas se sienten perdidos, aislados, privados de la convivencia social. Contra lo que piensan muchos de los que pasan horas sentado frente a su computadora, enfrascados en una vida virtual, creo que están mal.

Por supuesto, los hechos y las mayorías me dicen que estoy equivocado. Más aún, leí hace unos días un texto en el que se asegura que el asunto de las redes sociales es de vida o muerte. Tal cual.

El texto en cuestión apareció por primera vez en una publicación de la Academia de Ciencias de Estados Unidos y fue recogido por varios medios periodísticos, lo que le atribuye cierta veracidad, y más si se considera que se refiere a investigaciones de académicos de la Universidad de California. La clave del asunto es la afirmación de que quienes no tenemos las narices metidas de tiempo completo en alguna de las redes sociales estamos más cerca de la muerte que quienes mandan las cabras al monte hora tras hora frente a la computadora.

Con el antecedente de que quienes son más sociables viven más que aquellos que se aíslan, los investigadores californianos llegaron a semejante conclusión luego de estudiar los hábitos de un conjunto de usuarios de las redes sociales y relacionarlos con sus expedientes sanitarios. Así, hallaron que los devotos de las relaciones virtuales tenían promedios más largos de vida.

La muestra consideró a 12 millones de usuarios de Facebook, cuyo anonimato quedó asegurado, y el estudio de sus actividades en las redes sociales abarcó un periodo de seis meses. Mientras mostraban los resultados de sus estudios, los investigadores explicaban en la revista: “Encontramos que es menos probable que la gente con más amigos en línea muera que sus contrapartes no conectadas. Esta evidencia contradice aseveraciones acerca de que las redes sociales han tenido un impacto negativo neto en la salud”.

De lo que no hablan para nada los estudiosos es de la calidad de vida que tienen quienes viven más en tanto hablan en las redes sociales de sus éxitos amorosos, de sus viajes, de sus triunfos. No todos parecen contentos en realidad, aunque se demoren más en llegar a las funerarias. Otro estudio, emprendido en la Universidad Humboldt de Berlín, halló que dos terceras partes de los visitantes a Facebook, una red que alberga a más de mil millones de usuarios de todo el mundo, acaban amargados y frustrados luego de enterarse de los éxitos y la felicidad de otros. Los estudiosos encontraron que lo que más envidia provoca entre los usuarios de la red son las fotografías de los viajes vacacionales que suelen publicar sus usuarios. Otros visitantes sufren intensamente con los mensajes de felicitación dirigidos a quienes cumplen años o comentan con efusividad alguna celebración importante, pero lo que más les duele a estos envidiosos internautas son las calificaciones de “me gusta” que reciben algunos mensajes y fotografías. En pocas palabras, les arde hasta la médula la felicidad ajena y darían lo que fuera por verlos arder en las llamas del infierno. Por supuesto, el trabajo de los investigadores berlineses no podía llevar otro título más que el de Envidia en Facebook: una amenaza escondida para los usuarios.

Vivirán más pero carcomidos por la amargura y el resentimiento.

Pero el asunto va más allá y hasta lleva la sangre al río. Hace unos años, la ciudad de Arnhem, en los Países Bajos, se sacudió con una historia de odio y muerte entre sus habitantes a causa de los mensajes en Facebook. Una joven quinceañera había sido asesinada a puñaladas y su padre herido por un enloquecido muchacho de 14 años bajo contrato con dos usuarios de la red social, furiosos por los mensajes de contenido sexual que había difundido contra ellos en su cuenta. El caso se conoció como “El asesinato de Facebook” y el criminal sólo recibió como castigo una condena de un año de prisión en un reclusorio para menores de edad y tres años de tratamiento psiquiátrico obligatorio.

Un defensor de las redes sociales justificó de alguna manera el crimen alegando que a veces la vida real es peor que en internet.