Sentido contrario

El regreso de los muertos

Siempre me pareció muy sabia la observación de Carlos Fuentes en el sentido de que los gringos no pueden vivir si no tienen un enemigo enfrente. Viven con la mirada fría y el gesto amenazante, el dedo rígido en el gatillo. Mientras esperan la llegada del adversario diseñado a la medida de sus necesidades, con turbante, con ojos rasgados, piel morena, cabellos crespos, van a todas. El enemigo puede aparecer en cualquier momento, donde sea, cuando menos se le espera. La paranoia es entre ellos puro costumbrismo. Hace poco, el gobierno estadunidense se enojó muchísimo porque la revista Foreign Policy puso en evidencia el tamaño de sus obsesiones cuando publicó un artículo titulado “The Pentagon Has a Plan to Stop the Zombie Apocalypse. Seriously”. No le hizo la más mínima gracia que los lectores de una publicación de amplia circulación estuvieran enterados de que había dedicado tiempo y esfuerzo al diseño de una estrategia para hacer frente a un apocalipsis zombi.

Tal vez las fuerzas armadas estadunidenses se sintieron un poco ridículas con el trascendido y se apresuraron a aclarar que el documento había sido elaborado en 2011 y era en realidad un ejercicio de entrenamiento. Pero como los gringos son capaces de cualquier cosa en materia de trancazos y balazos, todo el mundo se tomó muy en serio el asunto, aunque algunos medios británicos aprovecharon la oportunidad para carcajearse un poco a sus costillas.

La BBC, por ejemplo, instruyó a sus lectores con mucho cuidado acerca de las características fundamentales de un zombi: “Son conocidos también como muertos vivientes; personajes de películas de terror y de una que otra comedia”, y citando el documento CONOP 8888, recién desclasificado por el Pentágono y difundido por Foreign Policy, explicó que “el objetivo del plan es proteger a la humanidad de estas horribles criaturas, muertos que vuelven a la vida y se alimentan de carne humana, lo que contamina a más personas y las convierte en zombis”. Se entretuvo en su momento en la descripción detallada de “los pollos zombis”, en realidad “la única clase de zombis que deveras existe”, según los estrategas del Pentágono.

Los pollos zombis son, por supuesto, una derivación de las gallinas muertas. El fenómeno se presenta “cuando las gallinas viejas que ya no pueden poner huevos son sacrificadas con monóxido de carbono y enterradas, pero vuelven a salir a la superficie”.

Mientras las paranoias de los gringos salían a la luz no faltó quien recordara que el sector salud de allá había echado mano ya del mito de los zombis para una campaña de urgencias sanitarias tres años atrás, y que un oficial psicológicamente devastado por su experiencia en la guerra de Vietnam insistió largamente en el pasado en un proyecto de invencibles milicias integradas por soldados con poderes paranormales.

Pero sucede a menudo que la paranoia tiene cierto fundamento, por más vago y absurdo que parezca. Es posible que el Pentágono esté atento de manera permanente a las posibles actividades de los muertos vivientes, más allá de las sanguinolentas peripecias de la serie muy exitosa The Walking Dead y de los zombis caníbales que andan por ahí mordisqueando al prójimo bajo los efectos de una droga devastadora. Peter Rhee, un científico de la Universidad de Arizona, y su colega Samuel Tisherman, de la Universidad de Maryland, han dedicado sus empeños durante largo tiempo al perfeccionamiento de un procedimiento clínico que permitiría devolver la vida a los muertos. Se han enfocado particularmente en aquellos que han fallecido a causa de heridas de bala, cuyos cuerpos son conservados en animación suspendida mientras se realiza el procedimiento. Sus experimentos con animales han dado resultados muy positivos. Sin efectos secundarios, los bichos revividos solo han manifestado cierta confusión durante un periodo de recuperación.

Las obsesiones belicistas de los gringos asociadas con los zombis y los soldados revividos no están lejos de la mitología que muchos han bordado en torno a la búsqueda desesperada de los nazis en la misma dirección, con el inefable carnicero Mengele a la cabeza. Aparentemente, la magia, el esoterismo, la ciencia delirante eran tomadas muy en serio en aquellos días de muerte y desolación.

Por lo pronto, Rhee y Tisherman continúan trabajando a toda marcha en sus laboratorios universitarios, aunque la comunidad científica los mira con incredulidad y desconfianza. En paralelo, el gobierno gringo no ha mandado al cesto de la basura su controvertido proyecto CONOP 8888. Por si las moscas, no quita el dedo del gatillo ni para rascarse la nariz.