Sentido contrario

Como si nada

Hace unos días, luego de la muerte de Nelson Mandela, a muchos les dio por ponerse a meter la pata con singular alegría. El más divertido, por no describirlo con otras palabras, fue el futbolista español Javi Jiménez. Muy compungido, se apresuró a dar la noticia de la triste pérdida a todo el mundo mediante su cuenta en una de las redes sociales: “Lamento la irreparable pérdida del luchador Nelson Mandela, uno de los más grandes actores que ha dado Hollywood. Descanse en paz”.

Transido por el dolor como estaba, claramente confundió al difunto líder sudafricano con el actor hollywoodense Morgan Freeman.

Paris Hilton también hizo de las suyas en esos días. A toda prisa comunicó a todos su agobio a través de las muy populares redes sociales: “RIP Nelson Mandela. Tu discurso ‘I have a dream’ fue muy inspirador. Un hombre increíble”. Cuando trasmitió sus sentidas condolencias seguro la descocada socialité tenía en la mente la imagen de Martin Luther King.

Parece que meter la pata es realmente muy fácil para algunos. No hay que hacer ningún esfuerzo. Solo hay que dejar salir libremente la primera tontera que anda rondando en la cabeza, de la mano con la desinformación, las prisas, la indiferencia y sobre todo la irresponsabilidad.

Hace unos meses, cuando la televisión de Tailandia transmitió la información sobre el fallecimiento de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, los espectadores contemplaron en sus pantallas llenos de asombro la fotografía de la actriz Meryl Streep en lugar de la imagen de La Dama de Hierro. En esas fechas, un canal de televisión de Taiwán ilustró con mucho sentimiento la mala nueva con una fotografía de la reina Isabel II de Inglaterra. Qué más da, habrán pensado. Al fin nadie conoce a nadie en esos rumbos.

La ignorancia y la buena voluntad forman uno de los peores matrimonios que pueda haber. Los resultados suelen ser patéticos. Alguna vez la televisión cubana trasmitió en un espacio noticioso una nota sobre algún acontecimiento en París. Alguien decidió echar mano de una ilustración que, según la detallada explicación de la conductora, correspondía a una imagen de la muy bella avenida de Los Campos Elíseos. Lo que mostraban en realidad era una vieja fotografía del Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

Como se puede apreciar claramente, las redes sociales funcionan a menudo como un bumerán que, después de dar una agitada vuelta, regresa para estamparse contra la cara y el ego de muchos desprevenidos opinadores, casi siempre periodistas, celebridades, figuras del espectáculo y el deporte que asumen que el mundo permanece en vigilia en espera de sus sesudas observaciones. La periodista y conductora en la televisión española Ana Rosa Quintana sintió alguna vez que el mundo no podía estar tranquilo mientras no conociera su opinión a propósito de una emisión que atribuía la buena situación de Finlandia en el panorama mundial a su modelo educativo. Sarcástica y envidiosa, hizo saber a través de su cuenta en Twitter: “Estupenda educación en Finlandia, y el frío, los suicidios y no poder sentarte en una terraza a tomar unas cañas y unas tapas”. La hicieron picadillo durante meses en las concurridas redes sociales.

El resentimiento y la envidia tampoco dan buenos resultados a la hora del trabajo periodístico. No falta nunca quien perciba claramente el agrio tarro de mala leche. Cuentan que a la muerte de Shakespeare el editor de una revista literaria que evidentemente no sentía ninguna simpatía por el bardo inglés se conformó con describirlo brevemente: “El tipo escribió algunos versos buenos”.

También se puede meter la pata como si nada, silbando con las manos metidas en los bolsillos y mirando al cielo, como hizo el cantante español David Bisbal cuando, sin mucho pensarlo, escribió en las redes sociales a propósito de los días de la cruenta insurrección egipcia: “Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta”.

Hay también metidas de pata que se dan como de manera burocrática, checando la cotidiana tarjeta costumbrista del odio y el rencor. Hace unos días, un diario de Miami dio cuenta de la reaparición de Fidel Castro en un acto público en La Habana. Sin mucha reflexión de por medio le puso un encabezado a la fotografía que mostraba al líder de la Revolución Cubana en medio de la multitud: “Fidel Castro reaparece envejecido en evento artístico en La Habana”. Hasta los más radicales enemigos de Fidel habrán soltado la carcajada ante el reguero inútil de veneno. Está más que claro que a los 87 cualquiera luce envejecido sin convertirse en noticia.