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Nazis en el cine

Marco da Costa es un profesor catalán que imparte cursos de español en la Universidad de Izmir, en Turquía. A sus 40 años, es un verdadero estuche de monerías. Con estudios de filología hispánica y letras clásicas, escribe ensayos y guiones, imparte conferencias y dirige cortometrajes. Ha sido profesor de historia del cine y se da tiempo además para escribir libros sobre temas que a algunos les parecerán exóticos, como El cine japonés bajo el peso de la tradición: de Rashomon a The ring y, antes, Ideología y propaganda en el cine del Tercer Reich: Cuando el cine alemán se afilió al nazismo. Pero Da Costa tiene entre sus mayores virtudes una persistencia endemoniada. Minucioso, obsesivo, ha indagado a fondo sobre la cinematografía más o menos abundante que circuló en Alemania durante los días del nazismo, tarea nada fácil si se considera que en realidad ha escarbado largamente bajo las ruinas de un país en guerra contra medio mundo en busca de películas, nombres, cifras, rostros. Producto de ese esfuerzo iniciado con su volumen de hace tres años Ideología y propaganda en el cine del Tercer Reich, es su nuevo libro, El cine del III Reich, que comenzó a circular en español desde hace unas semanas.

Para sorpresa de quienes consideraban impensable una aventura de estas dimensiones épicas, Da Costa da cuenta ahí de sus encuentros con un montón de rarezas asociadas con las que considera las 50 películas más destacadas de un periodo consagrado a la destrucción. Más allá del análisis del medio centenar de obras fílmicas prácticamente desconocidas, asociadas en ocasiones con los empeños propagandísticos de Hitler y Joseph Goebbels, el investigador desentraña aspectos verdaderamente siniestros en las intenciones ideológicas del aparato fílmico en manos de Leni Riefenstahl, y pone al descubierto desconcertantes omisiones del régimen hitleriano, como su encuentro con una película del único realizador judío tolerado por el gobierno nazi —una cinta interpretada por un actor negro—, o su hallazgo de una película expresionista, vanguardia estética considerada por el nazismo como una clara muestra del arte degenerado. Da Costa halló también un cúmulo de datos en torno a un abismo de pasiones entre figuras del espectáculo y altos funcionarios del gobierno de Hitler y además se topó con una trilogía de furiosas cintas antisemitas.

Contra lo que muchos suponían, el investigador catalán pudo establecer que la producción fílmica en los días del nazismo en Alemania era abundante, y que sólo una mínima parte fue concebida de manera específica como material propagandístico. El cine que se hacía en aquellos días no era precisamente de arte, aunque el régimen ponía énfasis en la difusión de las películas de Riefenstahl, verdadera propaganda de lujo premiada en los festivales internacionales de cine. Parece en efecto que para los nazis el cine era una herramienta fundamental. Y la supieron emplear muy bien.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa