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El enemigo de las rubias

La misoginia de Alfred Hitchcock es proverbial. La filmografía del realizador británico da buena cuenta de esa pulsión irresistible. A veces de las peores maneras. En The ring, una de sus primeras cintas, realizada en 1927, relata el ascenso de un humilde boxeador. También el de la taquillera de la carpa donde se presenta. En una de las escenas más explícitas de adulterio que ha fraguado el cine, muestra a la joven entregándose a un amante mientras su marido, el boxeador, la mira desde la ventana con el corazón destrozado. Así son las mujeres, parece decir Hitchcock. Pero resulta que prácticamente ninguna mujer sale bien parada en sus películas. Algunas de ellas, incluso, encuentran la muerte en una suerte de castigo subliminal, como la diligente secretaria ladrona de Psicosis.

Pero la más zarandeada por las bajas pasiones de Hitchcock fue Tippi Hedren. Las historias sobre la manera como el realizador trató de obligarla a acceder a sus acosos sexuales circulan desde hace tiempo. Guillermo Cabrera Infante relata en su Cine o sardina cómo le regaló a Melanie Griffith, la pequeña hija de la actriz, un diminuto ataúd de madera con una imagen de Hedren adentro.

La intérprete ha sido más o menos discreta desde los días de la filmación de Los pájaros, en 1963. Pocas veces ha mencionado en detalle los seis larguísimos meses de acoso sexual que vivió durante la filmación de su primera película; sin embargo la suya parece las más difundida historia de abuso cometido por un realizador fílmico contra una de sus actrices. Obsesionado con ella, Hitchcock no le dio un minuto de paz. Se sabe que llegó a amenazarla con destruir su carrera y mandarla al olvido si no accedía a sus ansiosos pedidos eróticos.

Tuvieron que pasar más de 50 años para que Hedren, que anda ahora por los 86 años de edad, se decidiera a hablar abiertamente de lo sucedido en aquellos días de miedo al lado del flemático director británico. En Tippi, memorias, su libro autobiográfico que está comenzando a circular en estos días con cierto escándalo, revela hasta dónde era capaz de llegar el realizador. Mientras más lo rechazaba, más agresivo se volvía, cuenta. Le pedía que le hiciera tocamientos sexuales, que lo dejara meterse en su casa, que se acostara con él, trataba de besarla a la fuerza, la presionaba mostrándose distante y gélido con ella y la mantenía aislada del personal de la producción. Durante la filmación de Marnie, la ladrona, su segunda película con Hitchcock, el realizador llegó al extremo cuando ordenó a los maquillistas que elaboraran una efigie de la actriz para tenerla todo el tiempo a su lado.

Recién divorciada del padre de su hija Melanie, paralizada por el miedo, preocupada por su trabajo, Hedren filmó en las mismas condiciones dos películas con Hitchcock. Y guardó en secreto sus sufrimientos hasta ahora.

Seguramente el vanidoso realizador se estará estremeciendo en su tumba.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa