Sentido contrario

El hombre de paja

Qué tal la trama de una nueva película para Andrzej Wajda: un modesto electricista polaco, líder sindical en pleno régimen comunista bajo el control de la URSS, enfrenta vigorosamente en los años 70 los rígidos controles oficiales al frente de un grupo de obreros huelguistas y consigue fundar después la mayor central gremialista de trabajadores, sufre por ello persecución y prisión pero gana el Premio Nobel de la Paz, se convierte en figura destacada en el ámbito político y llega a obtener la presidencia de su país para enfilarlo hacia un régimen capitalista. No está nada mal la historia, plena de tensión política, de suspenso, de thriller. Muchos piensan que el aguerrido personaje se jugó largamente la vida mientras defendía los derechos de los trabajadores explotados por el Estado, pero otros aseguran que en realidad, apenas llegado al poder, se dio a la tarea de desaparecer pilas de documentos de los archivos oficiales que lo podían exhibir como un eficiente topo al servicio de las agencias de inteligencia de los países occidentales y, sobre todo, de los temidos órganos policiacos del gobierno de su país.

Wajda, el gran maestro de la escuela polaca de cine, está ahora a punto de cumplir los 90 años. Tal vez no tenga ganas ya de retomar sus viejos temas, ni siquiera a la tenue luz del desencanto. Estará en estos días muy indignado, frustrado, deprimido: uno de los personajes mayores de sus mejores días fue en efecto este héroe del trabajo, electricista rebelde, intuitivo, habilidoso políticamente, que al frente de su organización sindical Solidaridad consiguió sacarle el bulto a la represión de los trabajadores en la Polonia comunista de los años 70. Chaparrón, regordete, bigotón y de rudos modales, se llamaba Lech Walesa y sus andanzas políticas nutrían en un fondo transparente películas de aliento casi documental como El hombre de mármol y El hombre de hierro firmadas por Wajda. Obsesivo, empeñoso, algo misterioso y lleno de dignidad, sin miedo a la esperanza en medio de la adversidad y dueño de una sutil capacidad de liderazgo, su héroe conocía también la prudencia, el cálculo político y los terrenos de la negociación. Parecía capaz de darle atole con el dedo a los soviéticos, al gobierno polaco, a los trabajadores, a todo el mundo que celebró su Premio Nobel y su presidencia. Wajda, sin duda, lo admiraba. Quizá ahora ya no tanto.

El cineasta polaco tiene detrás una obra espléndida con cintas como La tierra de la gran promesa, Cenizas y diamantes, Los abedules y El paisaje después de la batalla, y su papel como mentor de muchos cineastas de su país que siguen sus pasos no puede pasar desapercibido. Sin embargo, ha dicho que su película más difícil es aquella en la que rinde homenaje abiertamente al líder de Solidaridad mientras relata la agitada vida del fundador del movimiento sindicalista que creció desde los 70 en los astilleros de Gdansk. La filmó hace un par de años y se titula Walesa, la esperanza de un pueblo. Fascinado, hizo una apología de quien, desde su punto de vista, "llevó la libertad a Polonia y provocó la caída del Muro de Berlín". Su biopic parecía también una despedida a su larga vida en el cine, como dejó entender entonces: "Soy un hombre viejo, un cineasta viejo, y esta bien puede ser la última película de mi vida, pero no quería irme sin haberla hecho. Ha sido mi deber". Walesa, por su parte, no deja de agradecer a Wajda su admiración: "Sin sus películas nunca hubiera podido hacer lo que hice".

Pero su hombre de hierro resultó, parece, un hombre de paja. Lukas Kaminski, director del Instituto de Historia de Polonia, acaba de confirmar hace unos días las sospechas de muchos sobre la honestidad de Walesa a partir del hallazgo de un montón de documentos oficiales en la casa de quien fue el último ministro del Interior del gobierno comunista polaco, el general Czeslaw Kiszczak. El heroico sindicalista actuaba en secreto bajo el nombre de Bolek y habría recibido dinero a cambio de la información que pasaba a la policía política del gobierno comunista entre 1970 y 1976. Ahí, entre lo hallado en los viejos archivos personales del ex funcionario, estaban los recibos con su firma y también sus informes.

Wajda estará ahora perplejo, en espera de que los historiadores confirmen la veracidad de los documentos. Walesa está furioso, indignado. Amenaza con llevar el asunto a los tribunales. Quienes tienen en su poder los archivos han dicho que trabajan sin plazo fijo para entregar los resultados de sus pesquisas. Saben que están escribiendo una página definitiva en la historia de Polonia. Cuéstele a quien le cueste.