Sentido contrario

En el aire

Como que los tiempos no están para andar volando en avión. Quienes retan al destino trepándose a un aparato alado en estos días vuelan con miedo, lo mismo que quienes les atienden a bordo. En los mostradores, los empleados traen los pelos de punta y con frecuencia someten hasta a los más inocentes viajeros a protocolos de seguridad extremos. Los días que vive la aviación ahora se parecen mucho a los que siguieron a los atentados en Estados Unidos en septiembre de 2001.

Quienes huelen primero el miedo de los pasajeros son los directivos de las aerolíneas. Cuentan los asientos vacíos, los destinos desolados, las cancelaciones en cascada. Entonces dejan de escuchar el tintineo en sus cajas registradoras. Saben cómo hacerles frente a los temores más absurdos, pero también más reales. Saben qué hacer para trepar a sus aviones hasta a los más miedosos. En jugadas extremas de sacrificio, bajan los precios y ya.

Por ejemplo, la línea aérea irlandesa Ryanair puso a la venta hace poco, en un plazo que venció el 25 de noviembre, 100 mil boletos para viajar a 250 destinos por cinco euros. Esta empresa realiza todos los días mil 800 vuelos entre 31 destinos europeos, incluidos París y Bruselas. Montones de viajeros vencieron de golpe sus temores y se apeñuscaron en sus mostradores sin mucho pensarlo. Compartirán sus itinerarios con montones de malencarados policías y soldados desplegados por todas partes en Francia y Bélgica. Muchos viajarán a bajo costo pero con las uñas metidas en el asiento, rogando por su vida.

Hace unos días la fotografía de María Ivleva circuló por todo el mundo. La adolescente rusa de 15 años viajaba en un avión que estalló mientras volaba sobre la Península del Sinaí. Alguien puso una bomba en una lata de refresco bajo el asiento que ocupaba.

También durante los últimos días de noviembre Air France y KLM pusieron a la venta boletos para viajar a cualquiera de sus destinos con 50 por ciento de descuento. La empresa francesa lleva un buen rato peleando con sus trabajadores, que se resisten a aceptar sus programas de redimensionamiento, que incluyen una serie de despidos masivos. En plena crisis, la aerolínea se propone deshacerse de unos mil empleados en el curso del año próximo y de otros dos mil en 2017. Del tono de las negociaciones de la empresa con sus empleados dan buena cuenta las imágenes difundidas hace unos días por los medios, en las que se ve a los directivos golpeados y con la ropa hecha jirones, huyendo a toda carrera de la furia de los trabajadores.

Pero como sucede siempre en el mundo de los negocios, mientras unos se hunden, otros salen a flote. En China, por ejemplo, parecen vacunados contra todos los males que tienen maltrechos a los demás. Acaban de presentar hace unos días su proyecto de un avión para vuelos comerciales de largas distancias, el C919 con 168 asientos, que entrará al mercado hacia 2020 para competir con las aeronaves de Airbus y Boeing, que dominan hasta ahora todos los cielos. Y no bordan en el vacío. Han recibido ya más de 500 pedidos de dos decenas de empresas internacionales de transporte aéreo.

La empresa fabricante china ha puesto particular atención en el diseño de los espacios, buscando optimizar cada rincón de la aeronave, de fuselaje muy estrecho de acuerdo con las necesidades actuales.

Pero también hay quien se ha propuesto dejar de lado el transporte aéreo de turistas, con niños llorones y señoras parlanchinas, para concentrase en el negocio de transportar solo a los ricachones de manera rápida y segura. Mientras menos pasajeros a bordo y menos tiempo en el aire, mejor para todos. Airbus acaba de presentar hace poco el AS2 Supersonic, un jet privado, heredero directo del desaparecido Concorde, que habrá de cubrir la ruta Nueva York-Londres en poco más de cuatro horas, la mitad del tiempo de vuelo en la actualidad. Los fabricantes han recibido ya pedidos de unos 20 aparatos que estarán en vuelo después de 2020. Cruzarán los aires como una ráfaga con sus 12 pasajeros, retando los reflejos de quienes se han puesto a disparar contra los aviones. Será también más fácil controlar los espacios interiores, de manera que difícilmente podría colocar alguien una lata de refresco bajo un asiento sin ser visto.

Está claro que en los tiempos que vivimos la seguridad en los aviones es la prioridad. Se necesitan aeronaves más rápidas, de manera que los especialistas auguran cambios drásticos en el negocio de la aviación. Muchos tienen los ojos puestos en el desempeño del AS2 Supersonic. Si funciona, se podría hablar muy pronto del regreso del Concorde. Estaríamos volando entonces como antes, sin miedo.