Sentido contrario

Pobres ricos

Carlos Marx se preocupó toda su vida por hallarle una explicación al fenómeno del dinero, sus orígenes y sus consecuencias. Escribió una obra monumental, El capital, compleja y minuciosa, para hacernos entender algo que vemos todos los días: por qué el mundo está partido en dos, ricos y pobres, burguesía y proletariado. Marx y sus averiguaciones en esta materia siguen vigentes, aunque muchos no lo quieran creer. Por supuesto, también siguen vigentes los ricos y los pobres.

Está claro que los ricos son en número menos que los pobres, pero son los primeros quienes establecen las reglas del juego en el mundo entero, aunque hay sitios en el mapa donde su mano es mucho más pesada que en otros. En Europa muchos pobres son obesos y visten raídos trajes y sucias corbatas, una suerte de elegancia de la miseria, pero son presas de las mismas carencias que reducen a escombros la existencia de los más miserables en África o América, famélicos y vestidos con harapos.

Sucede con frecuencia que a los ricos, que viven a costillas de los pobres como bien dejaba establecido Marx, les molestan los desposeídos. Los miran con cierta repugnancia mientras buscan la manera de sacarles más jugo con todo y sus apremiantes necesidades. Leí hace poco que en Estados Unidos comienza a hacerse común una fórmula que permite a los ricos sacar provecho de los pobres, valiéndose de ciertas disposiciones oficiales implementadas para la protección social. Están construyendo edificios de apartamentos para ricos y para pobres. La diferencia entre los precios es abismal. También las condiciones de vida. Los pobres podrán disponer de los departamentos en los primeros cinco pisos de inmuebles de 15 en promedio, con vista a los muros y las bardas de las edificaciones vecinas, y no podrán hacer uso de la puerta para ricos, sino la de los pobres. Los servicios de mantenimiento estarán a cargo de empresas diferentes, con eficiencia y calidad a la medida de la cuenta bancaria de cada quien.

En realidad, las inmobiliarias están aprovechando una disposición administrativa que les permite obtener otros terrenos y librarse del pago de ciertos impuestos a cambio de construir habitáculos para quienes viven con escasos recursos. Con esas economías están invirtiendo en más edificios para que los ricos y los pobres vivan juntos pero no revueltos. Muy pronto la fórmula será del todo corriente en Estados Unidos. Como siempre, los pobres abajo y los ricos arriba.

Pero los que no se midieron son los noruegos. Debaten en estos días la que será prácticamente una ley antipobres. De ser aprobada en los próximos días, la legislación contra la mendicidad que se está discutiendo ahora en el parlamento noruego castigaría hasta con un año de cárcel a quienes ayuden a los pedigüeños con dádivas y otros apoyos. La polémica ley obedecería a la necesidad de acabar con los mendigos locales, pero sobre todo con los depauperados inmigrantes de los países pobres cercanos, muchos provenientes de la desintegrada URSS, según las autoridades judiciales noruegas. Preocupadas por el feo espectáculo que ofrecen los pobres ante los adinerados habitantes de uno de los países más ricos del mundo, se quejan de que podrían atentar también contra el orden y la seguridad. El proyecto de ley, sin embargo, tiene un margen de generosa tolerancia que permite hacerse de la vista gorda en los días de Navidad y Halloween, cuando las celebraciones incluyen dar y pedir.

La lucha de clases no se puede reducir a un conflicto entre las manos y los brazos con el corazón mediando entre ellos, como planteaba románticamente Fritz Lang en su Metrópolis. Sin embargo, alguien en Estados Unidos ha encontrado la fórmula que le permite conciliar riqueza y pobreza. En su empeño, les ha complicado la vida a su familia y a sus empleados, que la han bautizado con el nombre de la señora Scrooge. Anne Wojcicki es, a sus 41 años, una devota de las muestras gratuitas que ofrecen los supermercados, cuando come en un restorán no pide bebidas ni postres y ha llegado a la conclusión de que resulta más barato hacerse cargo de las multas por evadir el pago de los parquímetros que echarles unas monedas. Austera hasta el extremo, vive una vida de pobre mientras dirige su propia empresa con un valor de 60 millones de dólares.

Anne ha vivido largamente entre ricos. Estuvo casada con uno de los fundadores de Google y es hermana de una funcionaria de YouTube que ocupa el lugar número 12 entre las mujeres más influyentes del mundo según Forbes. Todos la miran con desprecio y se burlan de ella. No toleran a los pobres aunque sean millonarios. Les recuerdan a Marx.