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Un crimen (casi) perfecto

El del primer ministro de Suecia, Olof Palme, parece hasta ahora un crimen perfecto. Han transcurrido 30 años desde que el político fue tiroteado en una de las calles más céntricas de Estocolmo y la policía sigue sin entender qué diablos pasó aquella noche. Desde el crimen que consternó al mundo entero, cerca de la medianoche del viernes 28 de febrero de 1986, los agentes investigadores han seguido todas las pistas posibles para llegar al asesino solitario que disparó dos tiros a quemarropa contra el primer ministro. Aunque en realidad fue poco lo que investigaron.

Palme regresaba del cine con su esposa. Caminaban a casa disfrutando una noche fría pero apacible. La policía no halló escuchas ni dispositivos electrónicos de espionaje en su casa ni en sus oficinas. Sólo la pareja sabía que acudiría, de última hora, a ver la película Los hermanos Mozart, en compañía de su hijo y su esposa.

De cualquier manera, la policía sueca no realizó una tarea precisamente ejemplar. Se olvidaron de cerrar la zona del crimen, nunca hallaron formalmente el arma homicida, no consiguieron definir el móvil del crimen, perdieron los expedientes, no siguieron los protocolos establecidos en caso de la muerte del primer ministro, se hicieron bolas con los testimonios y su único sospechoso capturado debió ser puesto en libertad cuando no pudieron recabar las pruebas suficientes para inculparlo. Para acabar de complicar la situación, el sospechoso murió ocho años más tarde al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, en el curso de una supuesta disputa amorosa. Su cadáver tenía dos balas en la cabeza. Otro sospechoso murió en extrañas circunstancias en el curso de un ataque de epilepsia.

En medio de conjeturas sobre alguna venganza ciudadana, conspiraciones de organizaciones de oposición, sospechas sobre las actividades de los servicios de inteligencia de naciones inconformes con las políticas de Palme y todo aquello que se moviera por caminos tortuosos, no llegaron a nada y, de manera vergonzosa, la pesquisa quedó abierta hasta ahora pero estancada en un laberinto judicial. El titular de los servicios de inteligencia de Suecia, el jefe de la policía y dos ministros quedaron sin empleo por la falta de resultados en sus investigaciones.

Dicen los que saben que cuanto más se investigan los magnicidios, más se enredan y menos resultados se tienen. El de Palme parecer ser uno de esos casos. Más de 30 años después, con un expediente plagado de suposiciones, pistas falsas, datos inciertos, acusaciones sin sentido y los resultados de 10 mil interrogatorios integrados en una pila de 250 metros de documentos, la indagatoria acaba de ser reabierta. El fiscal a cargo estima la aventura como una misión honorable, pero el gobierno se ha manifestado con escepticismo sobre los posibles resultados de una nueva investigación que habrá de comenzar con los primeros días de febrero próximo.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa