Sentido contrario

Hitchcock, Alfred Hitchcock

Cuando Alfred Hitchcock aparecía brevemente en sus películas paseando a su perro, con un bebé orinándole encima o con un instrumento musical en la mano, imaginaba tal vez que era uno de los personajes de sus tramas psicológicas, policiacas o de espionaje. A veces parecía algo ridículo o patético, quizá premonitorio, como cuando se le ve en Trama macabra, su última película, tramitando un certificado de defunción. Sus apariciones fugaces, esperadas y celebradas siempre por sus devotos, a veces lo hacían trabajar tanto como si fueran cruciales momentos de sus relatos fílmicos.

Náufragos, filmada en 1944, lo enfrentó con uno de sus retos mayores en este sentido. La película describe las peripecias de un pequeño grupo de sobrevivientes a bordo de una lancha y en medio del océano luego de que el navío en el que viajaban ha sido hundido por los alemanes hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Imposible que el realizador británico apareciera de pronto nadando en medio del mar, trepado en un barco o agarrado de las patas de una gaviota. Hitchcock, que evidentemente se resistió a quedar fuera de la cinta, resolvió el reto de la manera más práctica: uno de los personajes encuentra bajo el asiento del bote un periódico en el que aparece la inserción publicitaria de un producto para adelgazar, ilustrada con la imagen del rechoncho director.

Parece difícil imaginar a Hitchcock como un hombre de acción, comprometido con la militancia política, y más como un patriota al servicio de las fuerzas armadas de su país. Nada en su biografía contribuye a la construcción de una identidad así. Sus biógrafos insisten en describirlo como un tipo más o menos inocente e indefenso, aunque eso sí, muy astuto y algo perverso. Hay quien recuerda cómo hubo que explicarle con todo detalle mientras filmaba en 1925 una de sus primeras películas, The Pleasure Garden, por qué una actriz no podía entrar en el agua como marcaba una de sus escenas. A sus 25 años no tenía la menor idea de que las mujeres tienen un ciclo menstrual. En esos días, mientras trataba de sacar adelante su proyecto fílmico, sufrió también el robo de parte de su presupuesto y la película virgen, con todo
y cámara, le fueron decomisadas en Italia por los escrupulosos aduaneros.

De cualquier modo, es posible que Hitchcock haya tenido una filiación política, conciencia ideológica y un recóndito espíritu guerrero. Algunos de sus biógrafos ubican a Náufragos como su primera obra de abierto contenido político, casi propagandístico, lo que no es del todo cierto, en la medida en que el director indaga más sobre los sentimientos de culpa de los personajes, sus bajas pasiones, la traición y el egoísmo, sobre todo, que en sus posturas en el marco de la guerra, que son de alguna manera circunstanciales en el sentido dramatúrgico. Hitchcock construyó con enorme inteligencia un thriller con un capitán alemán que, en lugar de ser prisionero de los náufragos, se convierte en su líder hasta que es descubierta su identidad.

La discreta vocación combativa del realizador se dejó ver más claramente cuando se puso al servicio del Ministerio de Información británico durante los últimos meses de la guerra. El resultado fueron los cortometrajes Bon voyage y Aventure malgache, realizados en 1944 con la idea de rendir tributo a los sacrificios heroicos de la resistencia francesa. Emprendidos con escasos recursos, no tuvieron mayor difusión.

En esos días, a pedido del Ministerio de Información británico, Hitchcock se involucró también como oficioso asesor con el cineasta ruso Sergei Nolbandov en la preparación de un documental sobre los campos de concentración nazis, con materiales recogidos por camarógrafos de las tropas aliadas. Identificado con la clave F3080, lo que resultó de esa colaboración entre muchos desacuerdos de los organismos oficiales participantes en representación de los aliados fue exhibido en 1945 con el título de Memory of the Camps. No era la gran cosa. Ni pena ni gloria.

Pero sin estar perdida, la peliculita ha sido ahora "encontrada" por alguien. Muchos le han dado tratamiento de documento crucial, de obra desconocida de Hitchcock, de valioso tesoro. Alguien ha visto en la maniobra una broma infantil de alguna oficina del gobierno británico entregada al ocio, al tedio o a la nostalgia de aquellos años. En realidad, la cinta ni estaba perdida ni es de Hitchcock.

Por suerte. Es mejor aquel realizador medio inocentón y medio perverso que jugueteaba a menudo con la Guerra Fría sin involucrarse demasiado. En beneficio de sus fanáticos, lo suyo era el cine, no la política.