Sentido contrario

La rabia de Talese

A fuerza de contar historias, de hacer literatura con el periodismo, Gay Talese se ha ido convirtiendo en uno de sus personajes, pleno de intriga, de bajas pasiones, de oscuras motivaciones, curioso al extremo como un detective de novela negra.

Como sus personajes, ha transitado por las páginas de las mejores revistas estadunidenses, contando su vida a pedazos, bordando sobre los hechos periodísticos y la palabra escrita, hablando de su pasión por las vidas ajenas, mientras más truculentas mejor.

Alguna vez fue emplazado para una entrevista por la edición colombiana de la revista Esquire, a partir de su participación en la Feria del Libro de Bogotá. Miró con recelo al piquete de reporteros que lo acechaban como fieras hambrientas y soltó enseguida: "Si alguien ha de entrevistarme, que sea ella". Y señaló a Dominique Lemoine. Periodista de excelencia, ella había sido guía y testigo de sus andanzas durante su estancia en Bogotá, Colombia, de manera que construyó un espléndido relato, al modo de un nutrido reportaje con citas textuales del autor y la descripción puntual de su guarida subterránea en Nueva York, pero sin dejar fuera sus tentaciones, sus obsesiones y, sobre todo, los modos peculiares de trabajar. Su texto fue publicado en Esquire y concluye con una confesión de Talese: "Yo, como reportero, como observador, me intereso en lo que pasa más allá de mí mismo, pero también en lo que pasa dentro de mí, de mi vida, de mi trabajo y de mi mundo, pequeño o grande. El foco está en todos lados y no se trata solo de percibir la historia en general, sino de contarla con información real y verificable. Ese es el truco, saber de algo o conocer algo tan bien que parezca que te lo estás inventando, cuando no es así".

Cuando Lemoine viajó a Nueva York para husmear en la vida del veterano periodista, la historia del hombre que atisbó durante años por una rendija los encuentros eróticos de sus huéspedes en el motel en Colorado que regenteaba no era ni siquiera un pequeño reportaje, muchos menos un libro.

Hace un par de meses, el admirado maestro que anda ahora por los 84 levantó una polvareda entre propios y ajenos cuando, durante una conferencia en la Universidad de Boston, se le escapó un comentario que muchos consideraron de alta misoginia. Dijo que ninguna escritora le servía de inspiración y coronó su afirmación con otra peor: "Las mujeres no escriben bien no ficción porque no se sienten cómodas hablando con extraños". El diario británico The Guardian se apresuró a recoger las opiniones de Talese vertidas en un encuentro en el que abundaban las señoras: "A las mujeres educadas no les interesa pasar su tiempo con personas groseras o antisociales".

Aun así, le contó a Lemoine cómo había recibido en 1980 una carta de un voyeur que había llenado de agujeros los techos de las habitaciones de su motel para regodearse secretamente con las prácticas sexuales de su clientela, como el Norman Bates de Psicosis. Durante 15 años había puesto día y noche los ojos en esos pequeños orificios y además había tomado notas en las que describía minuciosamente lo que veía. El sujeto le ofrecía al periodista sus apuntes para la confección de un libro, pero le pedía que no revelara su nombre.

Lemoine salió de la cueva neoyorquina de Talese con la versión de que el autor de La mujer de tu prójimo había rechazado el ofrecimiento en la medida en que su puntualidad periodística le exigía la verdad entera, con nombre y apellido. Pero sabía también que la historia de un voyeur profesional era un apetitoso plato al que Talese no iba a renunciar. Y a su regreso a Bogotá lo dejó trabajando en ese libro.

Como es su costumbre, Talese no se quedó sentado escribiendo la historia de Gerald Foos, el mirón de Colorado. Se fue a la periferia de Denver y se metió a las habitaciones de su motel. Obsesivo con los detalles, puso también el ojo en uno de los agujeros para espiar a una pareja en plena actividad sexual. Al final, le compró sus diarios a Foos y escribió el libro, El motel del voyeur, que ahora está a punto de llegar a las librerías.

Pero la reciente publicación de un adelanto del esperado volumen en las páginas del New Yorker puso a los periodistas del Washington Post a desentrañar la historia. Quedó al descubierto entonces que Foos, su voyeurismo y sus diarios eran puro cuento.

Ahora Talese está furioso. Le tomaron el pelo con todo y su añeja gloria y no quiere saber nada del libro. Sin duda pronto tomará revancha y se sentará a escribir otro libro en el que contará cómo fue engañado miserablemente. Previsiblemente, esta vez el personaje será él mismo por completo.