Sentido contrario

Cortés ataca de nuevo

Dios y todos los santos estuvieron de nuestro lado. El milagro ocurrió: nos libramos de la humillación de ver en los cines a nuestro venerado paradigma de la dignidad nacional, el emperador Cuauhtémoc, con colorido taparrabos, cabellos güerejos y portando muy decidido el pálido rostro sin expresión de Robert Redford.

Tirada en un catre bajo el generoso sol primaveral, en el patio de la casa espléndida que a mediados de junio de 1991 rentaba al poniente de la Ciudad de México, en la orilla del Desierto de los Leones, con Lola Beltrán y Amanda Miguel como vecinas, la productora francesa Martine Callandry parecía llena de ilusiones en aquellos días. Me contó entonces que una de ellas era ver al aguerrido Cuauhtémoc con la cara descolorida de la estrella de El gran Gatsby. Manías que tiene el cine. Igual les hubiera dado entregarles a Cuauhtémoc, a Moctezuma y hasta a Cortés el rostro y el porte de Robert de Niro, Al Pacino, Michael Douglas, Kirk Douglas o Anthony Quinn, como planearon alguna vez en la industria fílmica. Pero no, Dios y todos los santos han estado bien pendientes de las ocurrencias de los industriales del cine para atajarlos a tiempo. Callandry no pudo conseguir los tres millones de dólares que necesitaba para arrancar el proyecto de su película La Conquista y para pagar tal vez la renta de la solariega casona que ocupaba. El presupuesto requerido andaba por los 100 millones de dólares, incluido el pago de unos tres mil extras con sus respectivos taparrabos, lanzas, flechas y escudos.

Otros han tenido un sueño semejante. La lista no es corta. Figuran ahí los nombres y el prestigio de realizadores como Bernardo Bertolucci, Oliver Stone, Richard Attenborough, David Lean, Mel Gibson, Stanley Kubrick, Ridley Scott, Werner Herzog y Francis Coppola. Más los que vayan llegando. Todos empeñados en recrear para el cine los días de la Conquista de México. Unos con cartón y engrudo, otros con tecnología de vanguardia. Todos estacionados en el sueño. Tal vez por eso muchos identifican a Hollywood como la fábrica de sueños: ahí se echan a dormir muchos proyectos, muchas ilusiones.

Aunque a veces los proyectos dormidos despiertan de pronto. Hace poco trascendió que Steven Spielberg se disponía a desenterrar el viejo argumento sobre Moctezuma que el perseguido Dalton Trumbo concibió hace más de medio siglo para lucimiento del inefable Kirk Douglas. Aquel proyecto, que también quedó en el aire por fortuna, nos habría puesto enfrente a un despótico Hernán Cortés con el gesto avinagrado de Espartaco y marcado por el ego descomunal de Douglas. En cambio, ahora estaríamos en posibilidad de ver en el corto plazo a Cortés con el aspecto patibulario de Javier Bardem. Y no es para menos, en la medida en que la historia que en cualquier momento podría emprender el realizador de la saga de Indiana Jones asume el tema de la Conquista como una suerte de cruento pleito de cantina entre Cortés y Moctezuma. Un choque de culturas, con montones de aztecas masacrados por un puñado de españoles ambiciosos, solo que al estilo Hollywood, desbordado de efectos especiales.

El realizador Andrucha Waddington, un director brasileño al servicio de la industria fílmica estadunidense, también encontró hace unos años en la Conquista una historia de pasiones desatadas entre borbotones de sangre. Un choque de coloridos trenes entre el pasado y el presente. Su proyecto Conquistador era “una película que habla de las conquistas como cimientos del mundo; a lo largo de la historia siempre ha habido colonizados y colonizadores”, según dijo muy ufano. Para que nadie se quedara con cara de what? al verla, se disponía a filmarla en español, en maya y en náhuatl. Su Cortés iba a llevar la cara más amable de Antonio Banderas y la cinta habría de filmarse en locaciones de México y España. Pero no se pudo. Un día cualquiera Banderas soltó por ahí sin la menor congoja que el proyecto ya estaba cancelado.

Ahora podemos temblar de nuevo. El realizador Martin Scorsese y el actor Benicio del Toro se acaban de unir en sociedad para emprender la realización de Cortés, una serie para la televisión con el sello de HBO. Se aprestan a impartir desde ahí sesudas clases de Historia, en las que habrán de poner al descubierto las oscuras traiciones de Moctezuma y la Malinche que allanaron el camino a los españoles bajo el mando de Cortés para llevar a cabo la Conquista. Eso dicen. Scorsese estaría a cargo de la dirección y Del Toro andará por ahí arrojando ajos y cebollas, con la espada del conquistador desenvainada. Sin duda Dios y todos los santos los tienen ya en la mira.