Sentido contrario

Año nuevo, vida nueva

Me encontré, en estos días de brindis y abrazos, con un amigo al que no veía desde hace tiempo. Al calor de los tragos se fue poniendo comunicativo, y al cabo de un rato, con los ojos brillantes y el rostro colorado, me hizo una confesión en verdad desconcertante. No podía librarse de un sueño recurrente que transcurría invariablemente en blanco y negro: era Mick Jagger y viajaba en una lujosa limusina con los integrantes de los Rolling Stones. Varias chicas jóvenes y dispuestas a todo los acompañaban compartiendo sus placeres. Esnifaban montones de coca, ingerían todo tipo de chochos, bebían champaña y comían ostras mientras se besuqueaban y toqueteaban.

“Qué padre vida, qué padre sueño”, le dije con algo de envidia onírica. Su rostro se encendió más y sus ojos se pusieron más brillantes. En voz muy baja me confió entonces que en su sueño llegaba el momento de una presentación en una sala de conciertos atiborrada de adolescentes berreantes. Saltaba como un escuálido canguro mientras interpretaba “Satisfaction” cuando de pronto lo derrumbaba un dolor insoportable en las cervicales, en las caderas, en todos los huesos de su flacucho cuerpo. Maltrecho y desconcertado, despertaba luego en la cama de un hospital en el momento en que Keith Richards se burlaba del tamaño de sus genitales mientras hurgaba bajo sus ropas.

Lo vi desfallecer agobiado por sus recuerdos y por los efectos del alcohol y me acomedí a llevarlo a su casa. Lo dejé recargado en la puerta, medio dormido. Cuando me retiraba alcancé a escuchar sus gritos de angustia: ¡no, no, no! Supe que en cuanto se recuperó de la borrachera fue a dar a un psiquiátrico, donde se ha ganado el afecto y las simpatías de internos, médicos y enfermeros por sus interpretaciones del repertorio de los Rolling Stones, de “Satisfaction” en particular.

Quienes lo han visto brincotear y cantar a gritos destemplados aseguran que es igualito al Mick original. Solo les desconciertan sus gestos de dolor cada que salta, encorvado, con una guitarra imaginaria en las manos. También les llama la atención que busca con frecuencia sus genitales con un movimiento parecido al habitual del difunto Michael Jackson. Qué más da. Desde El gabinete del doctor Caligari, la clásica película expresionista alemana de los primeros años del siglo pasado, la ficción ha poblado los
manicomios con curiosos imitadores de vidas ajenas: una cantante de ópera famosa, Napoleón, un general desorientado, un tiránico médico prestigiado, una reina tristona. Ahí, su caso se reconoce como apegado del todo a la normalidad.

Y no solo mi amigo se empeña en ser otro, en vivir con sus bemoles una vida ajena. En Estados Unidos miles de gentes se visten todo el tiempo como Elvis y vagabundean por ahí sin que nadie les diga nada. Hasta en Las Vegas un juez vestido a su modo puede casar con toda solemnidad a una pareja de enamorados. Hubo incluso un militar colombiano que hace unos años emprendió los trámites legales para cambiar su nombre, Élmer Galindo, por el de Elvis Presley. Tiene un ropero repleto de trajes como los que usaba Elvis y se preocupa todo el tiempo por imitar su corte de pelo con todo y las patillas.

Hay que tomar en cuenta que la identidad de algunos puede mutarse no por obsesiones ni admiración extrema a propósito de ciertos personajes, sino por pura conveniencia. Como aquel célebre reportero, El Güero Téllez, que se vistió como enfermero en la Cruz Verde para colarse a la habitación donde agonizaba Trotsky con un pioletazo en la cabeza, un periodista fue atrapado hace unos días disfrazado de cura mientras intentaba introducirse en la habitación del hospital en Grenoble donde es atendido el accidentado Michael Schumacher.

Para realizar tranquilamente un atraco en un centro comercial, hace poco unos individuos portaron ropas de zombis y calaveras, mimetizados con la iconografía típica del Día de Muertos. Otros saquearon una joyería vestidos con barrigas falsas y coloridos trajes de Santaclós.

Muchos son apenas lo que pueden ser pero emprenden la difícil tarea de ser otros en el sueño o en la vigilia. No todos van a dar al manicomio para vivir a gusto otras vidas. Vemos a la mayoría de ellos todos los días habilitados como políticos gritones y amenazantes, funcionarios cínicos y ladrones, legisladores adormilados en los márgenes de la moral, líderes obsesionados con la redención del país, mandatarios ofreciendo riqueza y prosperidad a los desvalidos mientras venden su patria por unos dólares.

¿Quién es quién? ¿Vive Elvis? ¿Charlé con Mick Jagger? ¿Estamos dentro o fuera del manicomio? Ya no se sabe nada de nada…