Sentido contrario

Alineados por la derecha

Muchos desempleados harían cualquier cosa por 50 dólares y menos de tres horas de trabajo de lo más fácil: portar una gorrita, una camiseta, una pancarta, meterse entre la gente y echarle porras a un tipo un tanto ridículo. Una tarea algo miserable, pero bastante fácil y hasta divertida. Los convocados mediante una agencia de colocaciones habrían sido los actores dispuestos a actuar como simpatizantes de Donald Trump en el mitin en el que anunciaría a mediados de junio pasado su decisión de competir por la presidencia de Estados Unidos. Tal vez algunos de los militantes bajo contrato aplaudieron con ganas de verdad cuando el empresario juró ese día que sería el mejor presidente que Dios haya creado. También cuando aseguró que sería el mejor presidente de los empleos que haya existido. Después de todo, los actores que cobraron por escucharlo estaban ahí porque no tenían otra cosa que hacer.

Ahora hay actores que aplauden a Trump por convicción. O por interés, si se considera que la fortuna del magnate ronda los 4 mil 500 millones de dólares. Pero sobre todo comulgan con sus ideas. Como Trump, muchos de los actores hollywoodenses que celebramos desde hace años son extraordinariamente racistas y no disimulan su odio por los latinos, en particular por los mexicanos. En cambio nosotros no nos perdemos una sola de sus películas por mediocres que sean.

Actores como Gene Hackman, Mel Gibson, Clint Eastwood, Chuck Norris, Robert Duvall, James Caan, Robert Downey y Jon Voight, entre otros, tienen una bien ganada fama de radicales conservadores. Galopan sobre un animal malhumorado y violento que bien puede ser identificado como la extrema derecha. En agosto del año pasado, cuando Israel bombardeó Gaza con particular furia, los actores españoles Penélope Cruz y Javier Bardem, que han hecho una buena carrera en Hollywood, firmaron una carta de protesta contra una violencia que lastimaba a muchos inocentes. Los hicieron picadillo. Voight les dijo que eran unos ignorantes y los ejecutivos de Fox definieron a Cruz como "la tonta de la semana", por "echar basura contra nuestro gran aliado". Casi los obligaron a pedir perdón. Habrán aprendido la lección: en Hollywood no se habla de política en público.

Como todas la reglas, la que le impone silencio al mundillo del espectáculo en materia de política tiene sus excepciones. Oliver Stone, Sean Penn y Michael Moore son de izquierda y dicen lo que quieren cuando les da la gana, aunque nadie les haga caso. Pero quienes se alinean por la derecha se hacen escuchar a gritos con más frecuencia. Despotrican contra los negros, los latinos, los extranjeros, las mujeres, los homosexuales. Ven amenazas por todas partes. Algunos como Chuck Norris no le tienen miedo al ridículo con sus obsesiones. El "actor" se propuso hace poco para encabezar una fuerza de reacción ante los rumores de que la Casa Blanca estaría planeando invadir Texas. Voight por su parte insiste en que Obama está empeñado en llevar a su país hacia el socialismo.

Para llegar a la presidencia, Obama contó con la ayuda de muchas celebridades de Hollywood. En sus días de campaña, George Clooney organizó una reunión en la que personalidades como Julia Roberts, Billy Crystal, Salma Hayek, Tobey Maguire y muchos otros se encontraron con el aspirante presidencial. Obama salió de la cita con 12 millones de euros en donativos para su trabajo político. En aquellos días Whoopi Goldberg ofreció una función de la obra que interpretaba en Broadway a beneficio de Obama. Cada espectador pagó 8 mil euros por su asiento y pudo tomarse una fotografía con el aspirante presidencial.

Ahora muchos en Hollywood andan muy inquietos. No es para menos. El clima político que se vive allá en estos días parece cada vez más incierto. Y las opciones son todas de miedo.

Aunque pareciera que Hollywood se inclina tradicionalmente hacia la izquierda, o por lo menos hacia el pensamiento liberal, muchos actores, productores y directores militan discretamente en la derecha. El grupo conocido como los Amigos de Abe, fundado hace unos 10 años, cuenta en la actualidad con unos 2 mil 300 afiliados, trabajadores de la industria del espectáculo. Son de derecha y están en su mayoría con Donald Trump. Piensan igual que el magnate. Se reúnen en privado, se niegan a dar a conocer los nombres de sus integrantes y le sacan el bulto a la prensa, pero tienen un peso específico en la vida política estadunidense. No pertenecen a ningún partido ni buscan beneficios personales. Solo comparten una forma de pensar. Y son muchos, muchísimos. Tal vez tampoco tienen otra cosa que hacer.