Atrevimientos

La ley de telecomunicaciones y la defensa de la democracia

Empieza a crecer el interés de la sociedad por la iniciativa de ley del presidente Enrique Peña Nieto que busca reglamentar los cambios constitucionales en materia de telecomunicaciones, aprobados en 2013 en el marco del Pacto por México. La semana pasada, en varias ciudades del país, se manifestaron ciudadanos contra lo que consideran un ataque a la privacidad, a las libertades económicas en el ámbito de la comunicación, y, en última instancia, a la democracia mexicana.

La protesta ciudadana se hizo sentir por lo menos en Saltillo, Guadalajara, Monterrey y Juárez, pero alcanzó su máxima expresión en la Ciudad de México. El sábado, agrupaciones sociales y ciudadanos independientes, atendiendo el llamado del recién creado Frente por la Comunicación Democrática, intentaron hacer una cadena humana desde Los Pinos hasta Televisa. Esto como una manera de evitar la aprobación de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.

Las fotos de la prensa muestran a decenas de personas tomadas de la mano, con actitud solidaria y militante. Encabezaban la movilización Javier Corral, Cuauhtémoc Cárdenas, Alejandro Encinas y Javier Sicilia. El diario La Jornada reportó que el Estado Mayor Presidencial impidió la formación de la cadena humana en las inmediaciones de Los Pinos, motivo por el cual los manifestantes decidieron marchar hacia el Senado de la República.

Se esperaba que durante la semana pasada quedara aprobada la iniciativa. Sin embargo, ello no fue posible porque los partidos distintos al PRI, que no necesariamente de oposición, estuvieron en desacuerdo con algunos aspectos de la propuesta de ley. Cabe destacar, en este sentido, el papel del Senador Javier Corral y de la presidenta del PAN Cecilia Romero. Será hasta junio cuando la iniciativa se presente otra vez en el Senado para su discusión definitiva. Se abre así un periodo de debate que puede ser crucial para el futuro del país.

Entre los temas más importantes que regula la ley está el de la competencia entre las televisoras y las posibilidades de que organismos sociales y comunidades locales, por ejemplo, puedan participar en el espectro televisivo y radiofónico. Quienes critican la ley afirman que protege los intereses de Televisa, debilita la competencia, y no apoya la participación de nuevos actores en este ámbito.

Un elemento crítico de la iniciativa es la posibilidad que le otorga al gobierno para que, en caso necesario, regule contenidos del internet, vigile las comunicaciones de las personas, utilice medios de geo-localización y suspenda el funcionamiento de la red. Estas medidas son un atentado contra las libertades ciudadanas y contra la calidad de la democracia. En caso de que la ley se aprobara tal cual está, México estaría a pocos pasos de contar con un régimen como el chino o el cubano, países cuyos gobiernos imponen restricciones al uso del internet por parte de los ciudadanos.

El destino de la democracia contemporánea se juega en los medios de comunicación, en la calidad de sus contenidos, en su apertura y pluralismo para servir de expresión a los intereses de una sociedad cada vez más diversa. Esto lo saben muchos ciudadanos y, sobre todo, muchos jóvenes, como los que participaron en el movimiento #Yosoy132, que usan cotidianamente las redes como forma de comunicación y movilización.

Es una realidad que no se puede negar ni suprimir. Ahora una buena parte de la política se hace a través de las redes y es comprensible que el gobierno federal busque garantizar la estabilidad del país. Sin embargo, está obligado a hacerlo sin atentar contra las libertades esenciales. Limitar el internet contribuiría a conculcar la libertad de asociación y comunicación; sería una inadmisible regresión autoritaria.

El presidente Peña Nieto debe interpretar la formación del Frente por la Comunicación Democrática como un síntoma positivo. Es el signo de una sociedad activa y dispuesta a luchar por sus derechos políticos fundamentales. Allí puede estar el germen de una movilización civil inteligente para encauzar el futuro de México hacia un camino más democrático. El presidente puede intentar apoyarse en expresiones como ésta y así adquirir la fuerza que necesita para terminar con los monopolios televisivos y abrir el espectro de la comunicación a otras expresiones.

Un presidencialismo fuerte no significa un presidencialismo autoritario, sino la construcción de una autoridad con apoyo popular y autonomía suficiente frente a quienes se oponen a la construcción de una sociedad más democrática y pluralista. Al poder fáctico de unos cuantos se le combate con el poder organizado, y legal, de los muchos, de los que abiertamente ocupan el espacio público porque les pertenece. Si concebimos al internet y a los medios de comunicación como una extensión de la plaza pública, entonces debemos reconocer que allí se juega el destino de nuestra democracia.

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