Atrevimientos

La juventud del Milenio: el nuevo actor político (segunda parte)

Y lo que es necesario descifrar es cómo los sectores juveniles movilizados a través de las redes sociales están transformando la política contemporánea. Los casos de Kumamoto y MC en Jalisco pueden volverse paradigmáticos y marcar tendencia en el futuro. Los especialistas han documentado que estas dos experiencias, junto con la del candidato independiente ganador de la gubernatura de Nuevo León, fueron las más exitosas del país en lo que respecta a la utilización de redes sociales con propósitos electorales.

Los jóvenes Millenials se han vuelto actores protagónicos de la transmisión de mensajes políticos a través de las redes sociales, no sólo porque nacieron con el Internet y los medios digitales contemporáneos, sino porque tienen ideas distintas sobre la política.

Si esta última es un ejercicio de deliberación en condiciones de igualdad sobre los asuntos de la vida en común, y si en las redes sociales las interacciones comunicativas se pueden realizar de una manera más horizontal y abierta, entonces es lógico que el ciberespacio esté transformando la comunicación y, por tanto, las características de la política y la lucha por el poder.

Sigo aquí el espíritu de lo que plantea el sociólogo Manuel Castells en un ensayo titulado “El poder en la era de las redes sociales”. Según éste, el poder es una relación basada en la capacidad de persuadir, influir y controlar las ideas que ocupan la mente de las personas y modelan sus sentimientos, emociones y decisiones. Por consiguiente, el poder está indisolublemente ligado a la comunicación, al control de los mensajes que se transmiten e influyen en la conducta de los seres humanos.

La lucha por el poder consiste en penetrar la mente de los ciudadanos y condicionar su comportamiento para volverlo aquiescente con los intereses que se pretende promover. Mientras los medios de comunicación tradicionales tuvieron el primado, los ciudadanos comunes fueron entes pasivos, más o menos simples receptores de los mensajes concebidos y transmitidos de manera unidireccional.

En cambio, con la llegada de Internet y la posibilidad de participar en redes de comunicación interactivas en las que no hay un centro que dirija y controle la dirección y los contenidos de los mensajes, los ciudadanos tuvieron acceso no sólo a más canales de comunicación, sino la posibilidad de convertirse, ellos mismos, en fuentes de información e ideas transmitidas constantemente a los demás.

Se configura así, eso que Castells llama la autocomunicación: la sociedad que se comunica consigo misma y desde sí misma. Los ciudadanos comunes se convierten en periodistas espontáneos, publican fotografías, notas, artículos y reflexiones, y direccionan contenidos que vuelven importantes determinados tópicos o asuntos colectivos. En consecuencia, son capaces de influir en la opinión pública y movilizar a la ciudadanía. Es esto a lo que Castells llama la autocomunicación de la sociedad.

Los jóvenes son, por razones obvias, el sector social más competente para ejercer y dominar la autocomunicación social, y, por tanto, el más capaz para ejercer las nuevas formas de la política y el poder de la sociedad del Internet. Por eso, ellos contribuyeron, en buena medida, a determinar los resultados electorales en los casos arriba mencionados. Es evidente, por ejemplo, que los diseñadores de la campaña de Kumamoto utilizaron el potencial comunicador de los jóvenes que “gestionan” su vida cotidiana en las redes sociales y los convirtieron en promotores de su candidato.

Pero, como he dicho, lo crucial no es la capacidad de la juventud del Milenio para incursionar en la red y dominarla instrumentalmente, sino su disposición para comunicar valores políticos y creencias distintas a las de los partidos y políticos tradicionales. La campaña de Kumamoto así lo dejó ver. En un artículo recientemente publicado en Nexos, el periodista Diego Petersen ha explicado cómo aquel transmitió un mensaje de horizontalidad, apertura y disposición para construir voluntades políticas basadas en la deliberación común. Así, Kumamoto se posicionó como el candidato que defiende la construcción colectiva de las decisiones públicas, como el contrapunto a la imposición de visiones unilaterales a la que nos tienen acostumbrados los políticos de siempre.

La política ha cambiado: nuevos actores, los jóvenes, han entrado a escena; nuevos medios, las redes sociales, se han vuelto relevantes; y viejos actores, los partidos tradicionales, se vieron superados por esta marea de comunicaciones que vienen y van en varias direcciones y elevan y destruyen las reputaciones de los políticos de la noche a la mañana. Tarde o temprano, los viejos actores aprenderán las lecciones y las utilizarán en su provecho. Los nuevos pueden ser víctimas de su propio éxito y olvidarlas pronto. De cualquier modo vivimos un cambio que será irreversible.