Atrevimientos

La importancia de las humanidades

El pasado viernes, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, celebramos el inicio de las actividades académicas del Doctorado en Humanidades, de reciente creación. La lección inaugural estuvo a cargo del profesor Fernando Leal Carretero, quien de manera muy amena nos habló sobre el sentido de la educación en humanidades. Como estamos aún en los primeros días del ciclo escolar, recordaré algunas palabras del profesor Leal para que nos sirvan de inspiración a todos los que tenemos que ver con la enseñanza.

“Las humanidades son una reflexión sobre lo humano –comenzó diciendo Leal– y lo que caracteriza a lo humano es la expresión”. Hay muchos tipos de expresión, por ejemplo la música y la pintura, pero es en la expresión verbal donde reside la esencia de lo que significa ser humano. En última instancia, cualquier expresión, como la musical, por ejemplo, puede traducirse en palabras y se puede comprender a través de estas; por eso, el lenguaje, remató Leal Carretero, está en el corazón de este asunto.

No en balde, supongo yo, Aristóteles afirmó que la capacidad de hablar es lo que distingue a los hombres de los animales. Hablamos para dar razones de nuestros actos, indignarnos o exigir justificaciones de las decisiones de los otros; también, por supuesto, para manifestar lo que apreciamos como bello y lo que consideramos verdadero.

Pero volvamos a la exposición de Leal. Históricamente, en la antigüedad clásica, y de manera importante durante la Edad Media, la educación tuvo como eje de la enseñanza al trívium, que quiere decir tres vías, tres caminos. El trívium era el fundamento de la educación humanística, y consistía en la enseñanza de gramática, dialéctica y retórica. Si tomamos en cuenta que la expresión oral es lo que distingue a lo humano, no debería sorprendernos que el trívium estuviera conformado por estas disciplinas, todas relacionadas con el dominio de la palabra.

El conocimiento de la gramática, o sea, las reglas del lenguaje, era el requisito para hablar correctamente; de ahí que la gramática fuera el primer paso en la educación de los niños. Luego venía la dialéctica, que consistía en el arte de discutir, presentar tesis y defenderlas con razones, hacer un intercambio de argumentos que condujera a una conclusión. Finalmente, el trívium terminaba con la retórica: el arte de hablar de manera persuasiva y agradable. El trívium se enseñaba más o menos entre los ocho y los catorce años, y constituía la base de la educación.

Una cuarta materia, o competencia, para usar un término de moda, es la crítica. Leal nos advierte acerca de lo que significa esta palabra. Criticar no es, como suele entenderse en nuestros días, hablar mal de algo, sino estimar en su justo valor un texto, una idea, o, en palabras de Leal, una expresión, luego de haberla comprendido e interpretado adecuadamente. La crítica se compone de tres elementos:

Primero, la crítica textual, que consiste en asegurarse de que lo se ha leído corresponde a lo que el autor escribió; a esto se le llama fijar el texto. La segunda parte de la crítica es la interpretación, también conocida como hermenéutica, y que implica aclarar lo que quiere decir un autor o establecer qué significa lo que está expuesto en un texto; en este sentido, nos recuerda el profesor Leal, los griegos del periodo clásico realizaron un esfuerzo de interpretación con los trabajos de Homero, que fueron escritos varios siglos antes a partir de mitos anteriormente aparecidos, y en otro lenguaje. Finalmente, la tercera tarea de la crítica consiste en evaluar o juzgar un texto de acuerdo con diferentes criterios, ya sea lógicos, estéticos, retóricos, o de verdad. La evaluación puede ser más o menos positiva o negativa, según el caso, y sólo se llega a ella si antes se ha conocido con precisión lo que se quiere criticar.

El problema de hoy, prosigue Leal, es que hemos destruido el trívium. Nuestros alumnos carecen de nociones gramaticales precisas y habilidades dialécticas y retóricas: no pueden escribir correctamente acerca de un texto que han leído, ni decir cuáles son sus ideas centrales y sus principales argumentos, sus consistencias o sus contradicciones; lamentablemente, tampoco pueden ejercer la palabra de modo persuasivo y con argumentos suficientes para defender un punto de vista. Menos aún, claro está, son capaces de ejercer una crítica seria y fundada de lo que leen. Estas afirmaciones no pretenden ser una generalización exhaustiva; las interpreto como una observación sobre una tendencia (muy evidente, por cierto), un signo de la época que va más allá de una institución y un solo país.

Leal apuntó que actualmente hay un movimiento internacional para revivir el trívium y la crítica. Haríamos bien en contribuir, desde lo que nos toca, a educarnos en estos valores intelectuales que son también éticos y humanos.

 

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