Atrevimientos

Consejos para un político trumpiano

El ejemplo de Donald Trump puede cambiar las formas de la competencia electoral en México. Si a eso le agregamos las candidaturas independientes y el desprestigio de los partidos y los políticos convencionales, cualquier cosa puede pasar. Además, como las instituciones son ineficaces, resultará ventajoso proponer plataformas de gobierno que llamen a los ciudadanos a no tomarlas en cuenta, o, parafraseando a López Obrador, a mandarlas al diablo.

Si usted tiene intenciones de competir en la próxima elección presidencial ponga atención a lo que sigue. Olvide todo lo que le han dicho. En política no gana el que tiene la razón ni el más decente, sino el que manipula en su favor los sentimientos de los electores. ¿Tiene usted imagen de fanfarrón o prepotente? Tanto mejor: es música celestial para los electores. Y cuidado, que tampoco triunfa el que identifica soluciones a los problemas públicos y tiene un plan serio para ponerlas en práctica. Le va mejor al que describe los problemas de manera simplista y garantiza que los va a resolver rápido y sin esfuerzo de los ciudadanos.

Hable siempre con palabras llanas que lleguen al corazón de la gente, ponga la mira en sus resentimientos. Despierte en los electores su ira y su deseo de venganza por la crisis económica y social que padecemos. Recuerde que debe ser temerario, pues la gente común se identificará con usted. Defina a su principal contrincante como la encarnación del mal en toda su pureza.

En el fondo de todo, tiene que hacer una cosa: prometer. Cualquier cosa, por imposible o descabellada que parezca. Por ejemplo, recuperar el orgullo de ser mexicano o darle fin al capitalismo y establecer un sistema que nos evite trabajar. Si no se anima a tanto, puede proponer la semana laboral de tres días y con duración de cuatro horas; de esa manera, ya de paso, acabará con el desempleo. ¿Qué le parece exigir a Estados Unidos que devuelva los territorios anexados en 1848? Así, de una vez, dará carpetazo a la discusión del muro que propone construir Trump. En cualquier caso, métase en su cabeza que si quiere ser el próximo presidente de México debe, a toda costa, hacer creer al elector esta consigna: vota por mí y todos tus apuros desaparecerán, tu rencor social se saciará.

Ya entrando en materia, siga estos cuatro consejos:

Primero. Prometa que va a desaparecer la Comisión Nacional de Derechos Humanos y todas las instancias relacionadas con ella. Déjele claro al elector que los derechos humanos sólo sirven para proteger criminales y son uno de los principales obstáculos para encarcelar a los delincuentes y traer tranquilidad y paz los mexicanos. Acompañe esta medida con la aprobación de la pena de muerte para los delincuentes, incluidos los de cuello blanco. Anímese y propóngalo. Cuando llegue a la presidencia ya verá si lo aplica o no. Además, la mayoría de la gente está de acuerdo con esto, sólo que no lo dice por corrección política o mera hipocresía.

Segundo. Acuse a un chivo expiatorio de todos los males del país. Como en México no tenemos inmigrantes que nos quiten empleos y beneficios públicos, y tampoco enfrentamos amenazas de grupos sociales no católicos, lo mejor será culpar a los partidos y los políticos tradicionales de los males del país, los que no hacen más que robar y coludirse con los grandes empresarios. No caería mal a los electores que prometa que si lo eligen presidente va disolver las cámaras de diputados y senadores, o por lo menos reducirá su número a la mitad y los obligará a trabajar. ¿O qué le parece que sólo reciban pago cuando asistan a las sesiones? De cajón: pondrá en la cárcel a los ex gobernadores corruptos.

Tercero. Ofrezca la portación de armas para cualquier persona sin antecedentes penales. Total, si la policía no hace su trabajo y tampoco el sistema judicial impide que las calles estén infestadas de delincuentes, lo menos que el gobierno debe hacer es no estorbar a la gente que se quiera defender. A lo anterior añádale que se dará capacitación gratuita en el manejo de armas. Esta promesa será una de las que más votos le traerán.

Cuarto. Convoque a una cruzada para salvar a la familia e impartir enseñanza religiosa obligatoria en todas las escuelas, públicas o privadas. No se preocupe por violar la Constitución, el laicismo ya no importa. Ni por asomo se le ocurra defender el matrimonio igualitario, ya ve cómo le fue al presidente Peña Nieto con su iniciativa. Más bien, ofrezca lo contrario: diga que el mal de la humanidad surgió con la diversidad de posturas morales y dispóngase a combatirla.

Ponga el acento en ideas colectivistas como la comunidad del pueblo, o la unidad de la nación basada en un conjunto de creencias compartidas por todos los mexicanos. Eso sí, preséntese como la encarnación de la voluntad del pueblo, el ungido de las masas, el verdadero líder que México estaba esperando para renacer de sus cenizas y levantar el vuelo del águila otra vez.