Atrevimientos

Una ciclista universitaria víctima de la indolencia

El viernes pasado, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades se realizó una ceremonia para festejar el término de actividades escolares de la generación 2011-2015 de licenciados en Historia. Fue una ocasión muy emotiva: repleta de felicitaciones, discursos inspirados y buenos momentos. Sin embargo, una ausencia irremediable ensombreció el acontecimiento: la de la alumna Irene Giovanna Rodríguez Núñez, quien el pasado 1 de noviembre falleció en un accidente, cuando se trasladaba en bicicleta sobre la calle Félix Palavicini en su cruce con Prolongación Alcalde.

Irene era una estudiante brillante que trabajaba en la conclusión de su investigación de tesis, bajo la dirección del profesor Aristarco Regalado Pinedo, y estaba próxima a titularse. Muy apreciada por sus compañeros y maestros, Irene hablaba varios idiomas y ya laboraba impartiendo cursos en algunas instituciones educativas. Lamentablemente, sus ilusiones terminaron de manera absurda e injusta cuando fue impactada por una camioneta pick up.

El domingo 1 de noviembre, a media mañana, recibí un mensaje de texto de Daniel Rodríguez, mi ayudante de investigación, en el que me contaba que una muchacha joven, a bordo de una bicicleta, acababa de ser arrollada y que, a los pocos instantes, había perdido la vida sin mediar tiempo, esperanza, ni esfuerzo de salvación alguno. Daniel estaba impactado por lo que atestiguó. Al día siguiente nos enteramos de que se trataba de una estudiante de la Universidad de Guadalajara. Hace unos días, Daniel me mandó una carta en la que me describió así lo que miró:

“Alrededor de las 11 de la mañana, cuando caminaba sobre Prolongación Alcalde con rumbo a La Normal, a unos metros de un supermercado, vi a una joven detenida sobre su bicicleta azul. Estaba exactamente en el cruce de Prolongación Alcalde y Félix Palavicini. Ella esperaba a que pasaran los coches para cruzar de poniente a oriente la ancha avenida Alcalde. Me encontraba a unos siete metros de distancia de Irene, mientras yo caminaba dándole la espalda a los autos que circulaban sobre el carril lateral de Alcalde.

“La miré detenidamente. Tenía puesta una gorra que tapaba la mitad de su frente y le llegaba casi a la altura de sus cejas; vestía unos jeans color azul y una sudadera de color gris. Su mirada llamó más mi atención, pues gesticuló de manera que sus ojos hicieron juego con el borde de su gorra, creando en ella un aspecto de persona atenta de su entorno; parecía que estaba contando la cantidad de autos que circulaban sobre el carril lateral de la avenida Alcalde y la distancia que los separaba de ella. Era evidente que Irene estaba muy concentrada en esperar la oportunidad para cruzar la avenida.

“Avanzó sin problemas sobre el carril lateral de Prolongación Alcalde. Luego, llegó a la altura del camellón que separa el carril lateral de los carriles centrales e intentó seguir su paso. En ese momento recibió un impacto descomunal por una camioneta pick up, marca Nissan, que circulaba por el carril central de la avenida Alcalde con dirección al centro de Guadalajara; en el acto, el cuerpo inerte de Irene quedó tendido sobre el asfalto. Personas que presenciaron el accidente se acercaron, entre ellas un hombre que vestía una playera de paramédico y trató de auxiliarla.

“Desgraciadamente -continúa Daniel- Irene trató de ganarle el paso a la camioneta cuando el semáforo marcaba la luz verde. Pero eso no significa que el conductor del vehículo no tenga gran responsabilidad en el accidente, pues conducía a una velocidad que sin duda superaba el límite permitido en esa avenida. Se dice que iba a 90 kilómetros por hora, y se sabe que a menor velocidad los conductores pueden maniobrar de mejor manera sus vehículos y de ese modo evitar un accidente, además de que las consecuencias de los impactos se reducen. Cuando arribaron los paramédicos, aproximadamente 25 minutos después del accidente, Irene ya había perdido la vida. En paz descansa”.

Probablemente nunca se sabrá exactamente qué fue lo que pasó. Es claro que la muerte de Irene Giovanna Rodríguez Núñez no es un hecho aislado. Vivimos un inaceptable contexto de hostilidad hacia los ciclistas que propicia estos terribles sucesos de manera cotidiana. En 2015, el número de ciclistas muertos por accidente en el área metropolitana de Guadalajara fue de 27, cifra que mantiene la tendencia de los últimos años sin que nada cambie.

Las asociaciones de ciclistas actúan y exigen un cambio, pero sin éxito. Una ley para proteger a la movilidad no motorizada sigue esperando ser aprobada en el Congreso del Estado y tampoco se termina de construir la infraestructura necesaria para garantizar un tránsito de bicicletas sin riesgos. Además, tampoco se aprecia un esfuerzo por impulsar la nueva cultura vial que necesitamos para tener una ciudad segura y digna para todos sus habitantes. ¿Hasta cuándo, pues, terminará esta indolencia?