Atrevimientos

La captura del "Chapo" y el liderazgo presidencial

El buen juicio aconseja interpretar como una buena noticia la detención de Joaquín Guzmán Loera. La captura no significa que el narcotráfico y la violencia asociada a este fenómeno van a desaparecer de la noche a la mañana, pero sí ayuda a recuperar la credibilidad del estado mexicano. Es, ¿por qué negarlo?, un triunfo de la administración de Peña Nieto digno de felicitación, y una razón para que la sociedad alimente la esperanza de que las cosas van a mejorar.

Como era de esperarse, nuestra tendencia nacional a la sospecha y la desconfianza ha hecho que aparezcan expresiones de incredulidad: En redes sociales circuló la especie de que el personaje detenido no es el Chapo Guzmán, sino una persona de nombre Gregorio Chávez; que la captura no va a servir de nada porque el poder de Guzmán residía en su poderosa organización y pronto aparecerán sustitutos apoyados por la red de complicidades que llega hasta las policías y otras zonas del Estado mexicano; que se puede desatar una lucha violenta entre capos para ocupar el vacío dejado por la ausencia del líder; que qué casualidad, pues la detención no implicó resistencia ni enfrentamientos.

Es probable que aparezcan más descalificaciones del acontecimiento y toda clase de especulaciones. Debemos escucharlas con reservas porque nos hacen ignorar las cosas positivas que entraña un acontecimiento como este, nos distraen de su significado político.

La encarcelación de Guzmán Loera fortalece la imagen del gobierno mexicano en el extranjero, la cual en las últimas semanas ya venía a la alza gracias a la aprobación de las reformas llamadas estructurales. La acción, ejecutada con absoluta precisión logística y sin violencia, hace pensar que, en este aspecto por lo menos, existe un buen entendimiento entre el gobierno de México y las autoridades de los Estados Unidos, pues la información fluyó de forma adecuada entre las autoridades de ambas naciones.

El aparato de seguridad nacional mexicano está generando la impresión de que ahora trabaja con más eficacia: Se aprecia una mayor coordinación entre las organizaciones militares y policiacas involucradas. Al parecer, el gobierno federal ha cambiado el enfoque con el que trata el problema de la inseguridad y la violencia. Ahora se están aplicando estrategias basadas en el uso de la inteligencia, y no tanto, como en tiempos del ex presidente Calderón, en el combate frontal de las organizaciones criminales a cualquier costo de vidas humanas.

También se está apreciando una mejor coordinación entre los niveles federal, estatal y municipal de gobierno. La falta de una adecuada comunicación entre el gobierno federal y los gobiernos locales fue el talón de Aquiles de la estrategia calderonista de combate al crimen organizado. Hoy parece estarse reconstruyendo, poco a poco, la capacidad del gobierno nacional para establecer líneas de coordinación con gobiernos estatales y municipales.

El viernes pasado, un día antes de la detención de Guzmán Loera, el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, dio a entender que esta administración federal está bajando sus políticas en el plano local de una manera más exitosa. Dijo así: “…nunca escucharán de mi parte echarle la culpa a un gobierno de un estado o un municipio. No sé qué les recuerda eso. Pero sí les digo que asumimos la responsabilidad total y absolutamente, si hay problemas en estados y municipios, vamos a ponernos tareas y responsabilidades. Tenemos que jalar todos”.

Creo que este gobierno va en camino de reconstruir una autoridad que impere a lo largo y ancho del territorio nacional. Osorio Chong también afirmó, según señala MILENIO en la misma nota (22 de febrero de 2014), “que el presidente Peña Nieto presentará una iniciativa mando único en el país, una vez que los 32 gobiernos estatales homologuen sus policías”.

La lucha contra la impunidad tiene que ver con la forja de un liderazgo presidencial que hace mucho dejamos de tener en México. El momento que vivimos nos obliga a construir un sentido de conexión entre todos. Alcanzo esta idea gracias a un texto de Felipe González, el ex presidente del gobierno español, quien ha escrito que “el liderazgo político consiste esencialmente en tener un proyecto y conectar con un sentimiento, una voluntad, una aspiración y un interés colectivos”.

El reto, dice González, “consiste en saber cuáles son los elementos que conectan a unos ciudadanos con otros y que les permitirían sentirse partícipes de un proyecto común”. “No me refiero -continúa el ex mandatario español- a los elementos concretos, que siempre serán discutibles y diversos, sino a ese conjunto de intangibles que podrían conectar entre sí a una mayoría determinante de ciudadanos: sentimientos, intereses y anhelos hoy tan difíciles de identificar, definir y aprehender”.

Inteligentes palabras que me hacen pensar que debemos caminar todos en la misma dirección y con un mínimo de confianza en nuestras autoridades.    

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