Atrevimientos

Las autodefensas no dejarán las armas

La presencia  de las autodefensas muestra la absoluta falta de credibilidad en corporación oficial alguna para sacar de la vulnerabilidad en la que se encuentran muchas poblaciones de Michoacán.

En Michoacán está en juego, más que la capacidad militar del estado mexicano para derrotar a sus adversarios, su capacidad para convencer a los ciudadanos de todo el país que el gobierno quiere darles paz y justicia, orden y legalidad. El tiempo se agota y es necesario que el gobierno de Enrique Peña Nieto reúna convicción cívica y sentido de responsabilidad nacional.

La palabra clave es credibilidad. No la tienen las policías ni los gobiernos de muchos municipios de Michoacán, que no han protegido a la población de las bandas criminales. Tampoco la tienen las recientes administraciones del gobierno del estado, incluyendo la de Fausto Vallejo, porque flota en el ambiente no sólo su ineptidud para procurar justicia y mantener la tranquilidad, sino la sospecha de colusión histórica entre algunos sectores oficiales y bandas de delincuentes.

¿Tiene credibilidad el gobierno federal? Temo que tampoco. Esta respuesta no tiene que ver únicamente con el hecho de que haya fracasado la estrategia de Felipe Calderón de cubrir el territorio michoacano con policías federales y soldados; ni tampoco con la contradictoria decisión de la actual Secretaría de Gobernación de apoyar a las autodefensas, para después advertirles que ya no las van a seguir tolerando. La credibilidad no es un asunto sólo relacionado con la comisión de errores estratégicos; va más allá.

¿Qué le parece al lector que en Michoacán hay más de veinte mil civiles armados y pertrechados que se dedican a combatir y perseguir criminales, recuperar ranchos, huertas y terrenos, para ponerlos a disposición de sus antiguos dueños y hacerse justicia por propia mano? Más de algún lector habrá de celebrarlo. Otro lo celebrará y condenará al mismo tiempo. A otro más, las autodefensas sólo le merecerán una condena. Al fin y al cabo, se trata de cuerpos armados fuera de la ley. Unos son auténticos e incluso, por momentos, han gozado de la protección del gobierno federal y se han coordinado con él; otros han sido penetrados o creados por bandas criminales.

Hay que reconocer que los hombres y mujeres organizados en las autodefensas han tenido la voluntad de sobreponerse a su temor y su sensación de humillación ante los criminales que los expoliaron, vejaron y violaron. Circulan versiones de que son apoyados por empresarios michoacanos con fuertes cantidades de dinero. Forman parte de lo más profundo de la sociedad michoacana y tal vez eso explique su éxito. En todo caso, su irrupción revela el fracaso del estado mexicano para proteger la vida y los bienes de los habitantes. La presencia de las autodefensas muestra la absoluta falta de credibilidad en corporación oficial alguna para sacar de la vulnerabilidad en la que se encuentran muchas poblaciones de Michoacán. Por eso, insisto en que el tema, además de militar, es moral y de convencimiento.

¿Por qué hasta ahora, cuando han actuado las autodefensas, han sido recuperados ranchos y huertas y entregados a sus dueños? ¿Por qué hasta ahora se han decomisado lujosas casas pertenecientes a los CaballerosTemplarios, (quienes, según las versiones periodísticas huyeron al percatarse del levantamiento de las autodefensas)? ¿Acaso se trata de objetivos militares tan complicados desde el punto de vista estratégico que en el pasado ni el ejército mexicano ni la policía federal pudieron con ellos? Tuvieron que hacerlo las autodefensas.

En teoría, desde la comodidad de una ciudad a buen resguardo de los Caballeros Templarios, resulta fácil condenar las autodefensas y lanzar proclamas en favor del estado de derecho. Preguntémonos qué diríamos si estuviéramos en Apatzingan o en Parácuaro, a merced de que, en cualquier momento y con la mayor impunidad, aparezcan los delincuentes para violar a las mujeres de nuestra casa. En una situación así ya no resulta tan fácil ratificar nuestro credo liberal y constitucionalista, a menos que quisiéramos ser mártires de la legalidad a la manera de los primeros cristianos.

Ya se sabe que no es deseable que haya autodefensas y que mañana éstas pueden degenerar en bandas armadas incontrolables. Es claro que son ilegales. El problema, insisto, es el vacío que está dejando el estado mexicano: estas gentes no han tenido más camino que disponerse a defender la propia vida con las armas en la mano. En la medida en que las autodefensas sean las generadoras de un sentido de orden y paz social, y no las instituciones del estado mexicano, estaremos entrando, más y más, en un estado de descomposición que se puede propagar a otros estados donde hay problemas similares a los de Michoacán.

El gobierno tiene que mostrar una voluntad clara de que quiere recuperar Michoacán para la legalidad y la paz. A cualquier precio, con honestidad e imaginación. Esto incluye reconocer que la situación está fuera de control y de que, por lo menos ahora, las autodefensas no dejarán las armas para confiar sus vidas al cuidado del gobierno. Dudo que sea una buena decisión.

raulso@hotmail.com