Atrevimientos

El alcalde de San Blas y la felicidad de su pueblo

Algunas anécdotas reflejan problemas que atraviesan a toda la sociedad y definen una época. Es el caso del alcalde de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez Villanueva, quien ha protagonizado por lo menos dos episodios que describen su conducta política y personal, pero que también pintan de cuerpo entero a un sector de la clase política y la población.

El primer evento ocurrió a mediados de 2014, cuando en un mitin de campaña declaró que en su primera gestión como alcalde robó “pero poquito”, y que lo que con una mano robaba, con la misma lo entregaba a los pobres. Sus palabras arrancaron aplausos y risas de la concurrencia, pero provocaron críticas de periodistas y comentaristas que se difundieron a lo largo y ancho del país. En una larga entrevista con Adela Micha, Hilario Ramírez se defendió diciendo que sus palabras fueron una simple broma. A los pocos días, Hilario, en calidad de candidato independiente, triunfaba de nuevo en las urnas: obtuvo más del 40 por ciento de los votos y derrotó con más 5 puntos de ventaja a su principal contendiente.

El otro episodio fue hace unos días cuando ya como alcalde en su segundo periodo Hilario organizó una fiesta para celebrar su cumpleaños número 44. Acudieron más de 40 mil invitados al festejo que, según medios locales, costó 15 millones de pesos. Se mataron decenas de reses con las que se preparó birria y se ofrecieron 50 mil cervezas. La música estuvo a cargo de la banda El Recodo, una organización cuyos servicios no cuestan poco dinero. Sin embargo, la noticia no fue eso, sino el hecho de que, mientras bailaba con una jovencita, el alcalde levantó dos veces la falda de su pareja dejando al descubierto sus prendas interiores. Según comentarios de la prensa, la agresión a la joven provocó risas en la concurrencia.

De nueva cuenta vino el escándalo mediático, pero ahora las críticas son más agudas e incluso contienen exigencias de orden político y legal. El sábado pasado, en el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer, Josefina Vázquez Mota, Patricia Mercado y Cecilia Soto, exigieron la renuncia de Hilario y que se le apliquen las leyes que correspondan al caso. Otro posicionamiento crítico vino de la diputada federal Martha Lucía Mícher Camarena, que preside la Comisión de Igualdad de Género. Mícher Camarena ha exigido que se apliquen diversos ordenamientos, entre ellos el Código Penal del Estado de Nayarit y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Más condenas del hecho vinieron de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como del secretario general de Gobierno de Nayarit y del presidente municipal de Tepic. Por su parte, el Instituto Nacional de la Mujeres, instancia del gobierno federal, emitió un comunicado en el que expresó su indignación frente al comportamiento del alcalde. De este pronunciamiento, quiero destacar el siguiente párrafo: “Como órgano rector de la política nacional en materia de igualdad entre mujeres y hombres, reprobamos y rechazamos estos hechos, pues contribuyen a reforzar en el imaginario colectivo la idea de que las mujeres pueden ser objeto de cualquier tipo de vejación y agravio a su dignidad y derechos”.

Esta última frase nos debe llevar a una reflexión más profunda. El caso es que, en efecto, parece estar instalada en el imaginario colectivo la noción de que a la autoridad se le perdona todo, desde robar “poquito” hasta infligir daños morales y físicos a las mujeres. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, es decir, cómo es que tenemos esta clase de gobernantes, y por qué no se hace nada al respecto?

Me parece que la respuesta reside en el pueblo que tenemos, en el pueblo que somos. Por eso afirmo que las dos anécdotas pintan de cuerpo entero a un sector amplio de nuestra gente y de nuestra clase política. Ramírez Villanueva llegó por segunda ocasión a la Presidencia Municipal de San Blas, ni más ni menos, porque fue favorecido con el voto de los ciudadanos. A los ojos de éstos, Hilario es digno de ser su autoridad. No debemos sorprendernos: el alcalde comunica bien y proyecta una imagen de hombre sencillo: alguien identificado con las causas de las personas comunes, con la gente “de abajo”. En una democracia como la nuestra, todavía incipiente, ser populista es esencial para ganar una elección.

La entrevista con Adela Micha es reveladora. En ella, Hilario se muestra como un político sencillo, del pueblo, y sin otro propósito que servirlo. Si Adela pensaba que con la entrevista iba a contribuir a que los ciudadanos de San Blas juzgaran críticamente a Hilario se equivocó: a la gente le gustan los candidatos “campechanos”, bravucones y groseros; el requisito es que, como lo señaló el propio Hilario, se dediquen a buscar al pueblo, lo apoyen y lo ayuden, le repartan dinero y le hagan obras. Por eso, seguramente, ganó por segunda vez una elección. ¿O no cree usted que la gente que asistió a la fiesta de cumpleaños de Hilario está feliz con tenerlo como alcalde?.

 

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