Atrevimientos

Vecinos de la Americana: unidos por el rescate de su colonia

Ya sabemos que la Colonia Americana, como muchas otras de Guadalajara, está plagada de ladrones de casas, asaltantes y rateros de autopartes y automóviles. Pero ahora una nueva inquietud aqueja a quienes habitamos esta emblemática zona: los planes para establecer un bar, sobre avenida La Paz, en donde desde hace 25 años existe una escuela de arte y grabado.

Al lado y a los alrededores de allí viven familias que pagarán las consecuencias: ruidos hasta la madrugada, gente escandalosa, congestión vehicular y “viene-vienes”, basura, personas en estado inconveniente --algunas de las cuales hacen sus necesidades en la calle--, y todo tipo de situaciones que alteran la tranquilidad y conculcan el derecho a un entorno urbano con calidad de vida.

Si se suprime la escuela de arte y grabado la Americana perderá un activo cultural y continuará su imparable conversión en una suerte de cantina gigantesca. Basta con echar un vistazo nocturno a la Avenida Chapultepec para percatarse de su lastimosa condición. Lejos de aprovechar su potencial como una de las calles más hermosas de Guadalajara, acompañándola con servicios de calidad --restaurantes competitivos, cafés, galerías, tiendas, centros culturales, boutiques-- alberga giros cuya vocación es ofrecer bebidas embriagantes, ruido embotador y chucherías alimenticias.

No es que los vecinos rechacen de tajo este tipo de negocios. A quienes allí viven les agrada caminar sobre espacios concurridos y con establecimientos que ofrezcan amenidades diversas, modernas y cosmopolitas.

A final de cuentas, buscan un estilo de vida rico y sofisticado como corresponde a una ciudad con el potencial de Guadalajara. Un buen ejemplo de ello es el Mercado México, que ofrece una interesante gama de posibilidades para comer o cenar, además de otros servicios. Otros casos son los cafés de buena calidad que han comenzado a insertarse en varios puntos de la zona, los cuales son una alternativa a la estandarización que representan las cadenas internacionales. ¿No podría esta colonia convertirse en un atractivo turístico que agregue valor a la ciudad y contribuya a la creación de empleos y el crecimiento económico?

Los vecinos son escépticos de las autoridades porque éstas han sido inoperantes para ordenar el territorio urbano y regular los giros dedicados a vender alcohol acompañado de música ruidosa hasta la madrugada. Hasta ahora, luego de que partidos diferentes han ido y venido del poder municipal, los gobernantes no impiden que la Colonia Americana se esté volviendo inhabitable.

Mientras menos habitacional es una zona y más recibe giros de diversión como los que describo, mayores posibilidades existen para que allí se incube la delincuencia. La sensación en las últimas semanas es que la Americana está secuestrada por la delincuencia. Las versiones oficiales pueden diferir, pero a diario los vecinos comentan de los robos a las casas, los asaltos a los transeúntes y el atraco a los negocios.

La buena noticia es que los vecinos de la Americana están actuando. Han protestado a través del sitio change.org, y también han recabado firmas para pedirle al alcalde tapatío que no autorice otro bar en su colonia. Las expresiones que dejaron en el sitio change.org reflejan que están hartos de ver cómo todos los días su barrio se deteriora. Tienen dos opciones: abandonar la colonia o defender su estilo de vida. La esperanza reside en que están dispuestos a esto último.

Hay que entender que sin ciudadanos virtuosos, organizados, activos y exigentes, es poco probable que tengamos autoridades comprometidas con el destino superior de Guadalajara. Es un error creer que los residentes de una colonia están en contra del gobierno municipal. Todo lo contrario. Si los ciudadanos se organizan, las autoridades municipales tendrían en ellos un apoyo, un recurso político a su alcance, para contrarrestar el imperio del dinero que se apodera del territorio y vuelve letra muerta a los ordenamientos legales. El alcalde ganaría más legitimidad si tiende puentes de colaboración y diálogo con los vecinos.

Es necesario hacer una agenda de trabajo y comenzar. Los temas son los que todos sabemos: vendedores ambulantes que se apropian de banquetas y plazoletas, banquetas invadidas por automóviles, abandono de la policía (antes, dicen algunos vecinos, por lo menos pasaban patrullas con frecuencia), inseguridad, cambio acelerado y no planificado de los usos del suelo, obsolescencia de la infraestructura pluvial, pavimentos inservibles y mantenimiento inadecuado, daño forestal, descuido de inmuebles, desprotección a edificaciones con valor arquitectónico patrimonial. Y agregue usted los que quiera. Establezcamos una dinámica de participación vecinal y diálogo con las autoridades. Al final, estoy seguro, ganará Guadalajara.

raulso@gmail.com