Atrevimientos

Universidad de Guadalajara 1925

La Universidad de Guadalajara está de fiesta. Hoy se cumplen noventa años de su refundación ocurrida el 12 de octubre de 1925. Es refundación porque la máxima casa de estudios de Jalisco fue creada por primera vez en 1792, todavía en tiempos de la Nueva Galicia, gracias a un decreto del rey Carlos IV de España. En ella se enseñaba Artes, Teología, Derecho y Medicina.

Después, ya entrada la época independiente, la institución se transformó en Instituto de Ciencias del Estado y fue abierta y cerrada varias veces, conforme el poder político se pasaba entre manos conservadoras o liberales. Hacia 1898 llevaba una existencia latente a través de las escuelas de Jurisprudencia, Medicina y Farmacia, la Escuela Comercial e Industrial para Señoritas, la Escuela de Artes y Oficios, la Preparatoria para Varones, la Escuela Normal y Preparatoria para Señoritas, y la Normal de Varones. Cuentan los historiadores que para esos años ya había sido cerrada la escuela de Ingeniería.

Una vez terminada la etapa revolucionaria de 1910, y ya con José Guadalupe Zuno como gobernador del estado (1923-1926), éste decidió refundar la Universidad. La medida no pudo ser más oportuna, pues la educación superior jalisciense languidecía. Esto resulta evidente, por ejemplo, si tomamos en cuenta que durante el siglo XIX el Instituto de Ciencias no pudo consolidarse y hubo momentos en que estuvo a punto de perder su patrimonio ya que sólo los gobiernos liberales le daban su apoyo.

En los meses de julio y agosto de 1925 Zuno convocó a un grupo de intelectuales y profesionistas para diseñar el modelo educativo de la nueva institución. De alguna manera, en el espíritu que impulsó la nueva Universidad estaba presente la visión cultural y política del llamado Centro Bohemio.

En sus memorias, Zuno recuerda a los que participaron de manera más destacada: Enrique Díaz de León, Irene Robledo, Agustín Basave, Ignacio Villalobos, Severo Díaz, José María Arreola, Ignacio Calderón, Adrián Puga, Miguel y Juan Campos Kunhardt, Silvano Barba, Aurelio Aceves, Catalina Vizcaíno, Adolfo Contreras, Amado de la Cueva, Ramón Cerratos, Ramón Córdova y Emiliano Robles León.

Para la inauguración se organizó una sesión solemne del Congreso del Estado en el Teatro Degollado. Acudieron el propio Guadalupe Zuno Hernández, y desde luego el primer rector universitario, el maestro Enrique Díaz de León. Asistieron también representantes de las universidades de México, Salamanca, California y París, instituciones que apadrinaron a la flamante casa de estudios.

Las reflexiones sobre las razones de la refundación coinciden en un punto: era necesaria una institución que sirviera de palanca para el desarrollo material de Jalisco, contribuyera a la erradicación de la pobreza, e impulsara una cultura laica, racional y solidaria. En pocas palabras, se trataba de llevar adelante la agenda educativa, científica y cultural de la revolución mexicana.

Hoy la Universidad de Guadalajara es muy distinta a la de 1925, aunque también tiene todo que ver con aquella simiente. Por una parte, la Universidad de aquellos años era una pequeña institución que tan sólo contaba con cinco facultades, y tres escuelas. En cambio, la de nuestros días es una gigantesca estructura de centros universitarios, preparatorias, centros e institutos de investigación científica, así como entidades promotoras del arte y difusión cultural, distribuidas en prácticamente todo Jalisco.

Por otra parte, esta Universidad sigue siendo la misma que fundó Zuno Hernández. El hilo que nos vincula con aquel año crucial del 25 es la creencia en que educar significa liberar. Los universitarios asumimos que ilustrar es emancipar, pues al conocer se adquiere capacidad para intervenir en la realidad. El lema “Piensa y Trabaja”, elegido en la primera sesión del Consejo General Universitario, es más vigente que nunca.

Hoy, la Universidad de Guadalajara debe mantenerse al paso de la sociedad. Así lo hizo a mediados de los ochenta, cuando comenzó a desarrollar sus áreas de investigación científica y su impresionante política de difusión cultural. Lo hizo otra vez en 1993 cuando se crearon los centros universitarios regionales.

Hoy debemos ofrecer a Jalisco investigación útil para resolver problemas productivos y revertir rezagos colectivos. Frente a los retos sociales y políticos del presente que provocan confusión, debemos recordar que la universidad no es un partido, tampoco un movimiento y menos un aparato administrativo. Cuidar la Universidad implica  mirar hacia adentro y concentrarnos en las tareas académicas.

La Universidad es una comunidad libre para hacer ciencia, crear arte, y producir innovación. Su esencia es clara. Ya lo dijo Díaz de León en su discurso inaugural: los jóvenes estudiantes son el fin y el principio de la Universidad. Enhorabuena a todos los universitarios encabezados por su dinámico rector general Tonatiuh Bravo Padilla.