Atrevimientos

¿Quedará impune la muerte del niño Alberto Tehuatlie Tamayo?

El 9 de julio pasado, en San Bernardino Chalchihuapan, Puebla, Elia Tamayo fue a recoger a su hijo de trece años, José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, antes de la hora de salida de la escuela. Se anticipó porque quería protegerlo de un operativo policiaco desplegado para desalojar a un grupo de habitantes que bloqueaban la carretera Puebla-Atlixco. Su esfuerzo fue inútil y un proyectil alcanzó al menor. Fue llevado a un hospital e intervenido quirúrgicamente, pero no superó el estado de inconsciencia provocado por las lesiones de su cerebro. Falleció antier sábado a causa de un paro cardíaco. Que esto ocurrió el sábado es un decir: durante todos estos días la vida se le sostuvo con aparatos.

“Los granaderos estaban aventando cosas que explotaban y cuando yo oí eso, mi hijo cayó de lado”, dijo Elia de acuerdo con lo reportado por la prensa. Para ella, es más que evidente que fueron los policías los responsables de la tragedia. Desde el lado de enfrente, no se difundió la misma versión. Según algunas fuentes del gobierno de Puebla, las heridas que sufrió el menor fueron provocadas por cohetones lanzados por los propios manifestantes. Incluso fueron mostradas fotos en las que aparecen algunos de los activistas lanzando cohetes.

Alrededor del episodio, sobre todo en las redes sociales, se ha producido una indignación que en los próximos días podría seguir creciendo. Los comentarios van de la impotencia a la molestia más absoluta, pero lo que más llama la atención es que muchos responsabilizan de lo ocurrido directamente al gobernador Rafael Moreno Valle. La actriz Ana Colchero, en su cuenta de Facebook, dirigió este mensaje a los poblanos: “¿Vas a permitir que quede impune la muerte cerebral, o sea, el asesinato, del niño José Luis Tehuatlie? ¿Permitirás a un asesino seguir como tu gobernador? ¿Te vale madres por ser un niño indígena y pobre? ¿Ya permitiste a Marín hacer de todo, ahora a Moreno Valle? Sólo tú puedes destituirlo”. 

Luego de que acontecida la muerte del niño, Colchero envió a Elia estas palabras: “Su dolor no puede ser mitigado, pero la demanda de justicia debe ser la tarea de todos nosotros para ayudarla a aliviarlo un poco. Los asesinos de su hijos no deben quedar impunes…”

Un ciudadano comentó la noticia en los siguientes términos: “Afortunadamente no soy poblano pero si por una acción similar le ocurriera algo a uno de mis hijos el resto de mi vida lo dedicaría para matar a este gobernador”. Otro más utilizó argumentos para desmentir la versión que culpabiliza a quienes resultaron heridos: “Tengo una pregunta para Rafael Moreno Valle. Suponiendo que efectivamente fueron los manifestantes quienes le lanzaron un cohetón de los que se usan en las ferias al chamaco Tehuatlie. ¿Entonces esos lugareños quejosos son impresionantemente estúpidos? Mira que lanzarse los cohetones entre ellos para auto-agredirse de gravedad. Un hombre perdió el habla porque un explosivo le perforó la mandíbula, otro perdió un ojo y uno más perdió una mano...”

En efecto, hubo otros lesionados y se presume que ellos, incluido el pequeño, fueron impactados con las famosas balas de goma que las policías poblanas pueden utilizar contra la población civil, como resultado de los recientes cambios en la legislación que en ese estado aprobó el Congreso local. De acuerdo con lo que dicen las víctimas, balas de goma y cartuchos de gas lacrimógeno fueron lanzados desde un helicóptero. Eso provocó muchos heridos de gravedad, como los que se mencionan en el comentario arriba citado.

La tragedia del niño Tehuatlie Tamayo indigna por sí sola, pero indigna más por la suma de hechos absurdos que están detrás de ella. La aprobación de la llamada Ley bala, la que permite a la policía el uso de armas no letales contra la población en casos justificables, y el malestar en contra del gobernador Moreno Valle, demuestran que en Puebla se ha deteriorado la armonía política y social. ¿Les resulta muy difícil de entender a los políticos, que los gobernantes son responsables de preservar la tranquilidad y la paz, y que los instrumentos de la política son preferibles a cualquier forma de violencia? ¿Cómo, entonces, es que se aprobó la llamada Ley bala? ¿No significa, una ley de este tipo, que se reconoce la propia incapacidad para gobernar y se antepone el uso de la fuerza a la acción política y la negociación?

Por otra parte, ¿resulta muy complicado anticipar que los policías mexicanos tienen, en lo general, una preparación tan escasa como para saber determinar, ellos mismos, de manera correcta cuándo y cómo utilizar la fuerza pública legítima? Habrá que esperar para ver si las autoridades competentes hacen la necesaria investigación y se deslindan las responsabilidades del caso. En un país no salvaje, un episodio como este provocaría una crisis y se llegaría hasta las últimas consecuencias; nadie estaría por encima de la ley. En el que estamos las dudas nos invaden.

 

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