Atrevimientos

Óscar Montes de Oca y Lilia Angélica López: la indefensión

La madrugada del sábado 1 de agosto pasado, Óscar Álvaro Montes de Oca, de 23 años, fue hecho prisionero en el aeropuerto de la Ciudad de México. Regresaba de Buenos Aires a través de la aerolínea Avianca, en un vuelo con escalas en Lima y Bogotá. El cargo: transportar veinte kilogramos de cocaína (delitos contra la salud en su modalidad de introducción de estupefacientes). Fue trasladado a las instalaciones de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), para luego, con toda celeridad, es decir, al día siguiente, ser internado en el Centro Federal de Readaptación Social de Tepic, Nayarit. La pena aplicable al caso es de entre 15 y 22 años.

Óscar Álvaro Montes de Oca es un joven licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), ha sido consejero de esa institución y actualmente labora en la Dirección de Órganos Colegiados de la misma. Se graduó con honores y goza del reconocimiento de sus colegas como un académico destacado. Había ido a Buenos Aires para visitar a unos amigos de la Universidad Nacional de Quilmes, plantel donde hace un tiempo realizó una estancia escolar.

Al llegar al Aeropuerto del Distrito Federal, Óscar reclamó su maleta pues no apareció en la banda transportadora. Los agentes federales le dijeron que la tenían. Al ver la que le mostraron, Óscar les dijo, en reiteradas ocasiones, que no correspondía con el equipaje que había documentado en Buenos Aires. La mochila de Óscar era de color verde y la que pretendían hacer pasar por suya era roja. Los oficiales hicieron oídos sordos a sus palabras, le pidieron abrir la maleta y provocaron que el joven estampara sus huellas digitales en ella. Después forzaron el candado de la valija, sacaron su contenido y encontraron la droga. Lo incomunicaron más de doce horas y pasó un día sin acceso a los servicios de un abogado. Su paseo por el infierno había comenzado.

Para su fortuna, Óscar pudo llamar a su familia y la respuesta fue contundente: familiares, amigos y colegas organizaron una campaña para liberar al joven. El reclamo de justicia también provino de las redes sociales y los medios de comunicación. El rector de la UAEM, el doctor en Derecho Jorge Olvera García, exigió a la Procuraduría General de la República una actuación conforme a la ley. Los abogados de la universidad solicitaron a la aerolínea que les presentara las evidencias fotográficas del equipaje que Óscar registró en Buenos Aires. Fue así como se demostró que la valija roja no era la suya.

Frente a este recurso, la Procuraduría General de la República decidió desistirse de su acusación contra el joven. Un juez ordenó su inmediata liberación y ésta ocurrió el viernes 7 de agosto. El gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, también fue solidario con Óscar y puso a su disposición un avión que lo transportó desde Tepic hasta el estado de México.

¿Cuál es el significado de esta terrible historia? Primero, que los representantes del estado mexicano actuaron en contra de alguien a quien están obligados a servir, pues no observaron el principio de presunción de inocencia consagrado en la Constitución de la República. En lugar de asumir a priori la culpabilidad de Óscar, debieron investigar lo ocurrido con el equipaje durante el viaje, encontrar la explicación del caso y fincar las responsabilidades que correspondan. Su obligación era evitar el daño que le infligieron criminales extranjeros a este ciudadano mexicano. ¿Cómo es posible que su trabajo lo tuvieran que hacer los abogados de la Universidad Autónoma del Estado de México?

Segundo, que una persona común, si no goza de la protección de una institución de peso, y si no tiene el apoyo de las redes sociales y los medios de comunicación, está a merced de toda clase de abusos por algunos representantes de las instancias encargadas de procurar justicia en nuestro país. Lo que se configura en México es la lucha entre una sociedad indefensa que comienza a organizarse, una ciudadanía que despierta a la consciencia de sus derechos, y un estado con instituciones ineficaces, con personal mal capacitado, por decir lo menos, que pretende combatir al crimen, pero de manera errática y sin criterio.

Óscar no es la única víctima de situaciones como ésta: es una práctica más común de lo que parece. Recientemente se ha hecho hincapié en tres casos similares: los de Ángel de María Soto Zárate, Ernesto de la Torre Carbajal y Lilia Angélica López. Los primeros dos fueron aclarados y estas personas quedaron en libertad a los días de haber sido detenidas. Sin embargo, Lilia Angélica lleva siete meses en la cárcel luego de que fue acusada de transportar tres kilogramos de cocaína desde Bogotá. Su historia es muy parecida a la de Óscar, aunque su maleta no se le extravió sino que la droga le fue sembrada en ella. Lilia, una bailarina talentosa, aún espera que se le haga justicia.