Atrevimientos

¡Leones negros de primera!

Son los primeros minutos del segundo tiempo y tengo la impresión de que los Leones Negros al fin van a descifrar el acertijo que les pusieron los Estudiantes Tecos. Han comenzado a tocar mejor la pelota y eso les ha permitido hacer avanzar sus líneas. Un disparo de Rodrigo Follé, desviado por la defensa, pasa muy cerca de la portería y refuerza la esperanza.

Mis dudas y mi desesperación provienen del miércoles pasado. En la cancha del 3 de marzo, los melenudos, como les llaman, tuvieron mayor posesión del balón pero no crearon opciones de gol. La estrategia de los Tecos es la misma que la del primer partido: defenderse y presionar al rival en todas las zonas de la cancha; en caso necesario, cometer faltas para interrumpir las jugadas de los Leones; en medio de todo, lanzar contragolpes y aprovechar la peligrosidad de sus atacantes. Si no pudieran anotar, los Tecos confiaban en triunfar en penales; así ganaron el torneo clausura 2014 que los llevó a la final por el ascenso.

El minuto 57 casi provoca que mis esperanzas se desplomen. El Gansito Hernández, portero de los Leones, sale y se rifa el físico para robar un balón a un atacante de Tecos; sin embargo, no logra impedir que el rebote le quede a Marco Bueno quien anota para Estudiantes.

Es un balde de agua fría sobre los jugadores que también sofoca el fuego del Jalisco. Mis temores aumentan: con el marcador en contra va a ser aún más difícil que los Leones tengan la concentración y la creatividad para desequilibrar. La marcha implacable del reloj aumenta la impotencia que invade al público que abarrotó el estadio. Para acabar con el cuadro, el ángulo salva a los Leones del segundo gol.

En un abrir y cerrar de ojos faltan siete minutos para que termine el partido en su fase regular. Los Tecos se tardan todo lo que pueden para ayudar a que el reloj camine más rápido. Me digo que la victoria aún es posible, aunque no veo la manera de abrir el ostión.

Los Leones cobran una falta por el lado derecho. La pelota se eleva y promete peligro, pero con desilusión observo que se dirige a las manos del portero de Tecos; luego viene lo increíble: el arquero la deja pasar y un cabezazo la manda a las redes indefensas. El estadio explota en un grito unificado y libera la tensión de 55 mil almas acumulada durante casi noventa minutos. La voz del Jalisco se vuelve más fuerte, más alegre: a su canto los Leones Negros dejan atrás el desconcierto. Otra vez el sueño de ganar parece posible.

Cuando terminan los tiempos extras y llegan los tiros de penal, la afición, anhelante, apoya a los Leones al grito de “sí se puede”, “sí se puede”. Los primeros tres tiros son perfectos para cada equipo; sin embargo, el destino hace más intenso el drama cuando hace fallar al experimentado Elgabry Rangel, de Tecos, y también a José Cruz, de la Universidad de Guadalajara.

Todo queda para decidirse en la última ronda de tiros. El Gansito Hernández, con la agilidad de un felino, detiene el penal de Acosta. Una alegría inmensa recorre cada grada del Jalisco, que sólo se ve contenida para mirar el último disparo de Leones cobrado por el propio Gansito. El tiro es impecable: fuerte y colocado arriba de media altura, a la derecha del portero Velázquez. Tengo la sensación de ser una marioneta impulsada por un resorte. Todos brincamos, chocamos nuestras manos y nos abrazamos. Somos testigos del regreso histórico de la Universidad de Guadalajara al primer circuito del futbol profesional mexicano.

Es mucho el mérito de todos los que han hecho posible la victoria. Jugadores, entrenador, cuerpo técnico y directivos han sido un solo hombre en este esfuerzo. Da gusto ver la humildad de los futbolistas y su entrega en la cancha. Anima el profesionalismo de Poncho Sosa y el talento administrativo de Alberto Castellanos. Los Leones Negros tienen la tercera nómina más barata de la división de ascenso.

Pero hay algo más en todo esto. Me refiero a la grandeza de la institución y la comunidad que este equipo representa. Después del encuentro, al escuchar la radio un aficionado comenta: “la Universidad de Guadalajara es grande, es de todos”. La frase me conmueve. Me hace pensar en que los Leones Negros son algo más que un equipo de futbol, son un auténtico emblema para miles y miles de jaliscienses. El mérito, entonces, es sobre todo de la afición tapatía que guarda en su memoria la gloria deportiva de los Leones conquistada desde hace más de cuarenta años, y que no sólo ha estado esperando el retorno del equipo, sino que lo ha hecho posible con su pasión y su cariño.

Insisto en que un equipo de futbol es algo más que una nómina de jugadores; es, sobre todo, el sentimiento de identidad que pueda despertar en una comunidad. Los futbolistas que lograron el regreso de los Leones Negros a la Primera División hacen recordar el desinterés deportivo de antaño que los viejos aficionados siempre recuerdan. Basta verlos jugar, ver sus rostros y escuchar sus palabras. Ojalá que sigan así. Enhorabuena.

 

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