Atrevimientos

José Guadalupe Zuno: ejemplo para el gobierno actual

Recordar no es tan solo traer el pasado al presente, sino pensar en lo que hoy significa la trayectoria de aquellos que siguen vigentes a pesar de que pertenecen al ayer.

El día de ayer, en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, tuvo lugar una ceremonia para conmemorar treinta y cuatro años de la muerte de José Guadalupe Zuno Hernández, gobernador de Jalisco de 1923 a 1926 y fundador, en 1925, de la moderna Universidad de Guadalajara.

El acto de recordar no es un simple ejercicio de la nostalgia, es decir, no se reduce a una explosión de sentimientos; también es una obligación racional, sobre todo cuando se trata de hombres que han dejado herencias a alguien más que a familiares y amigos. Recordar no es tan solo traer el pasado al presente, sino pensar en lo que hoy significa la trayectoria de aquellos que siguen vigentes a pesar de que pertenecen al ayer.

Hace algún tiempo escribí, en este mismo medio, que en Jalisco existen dos campos contrapuestos: Por un lado, el campo liberal, laico, revolucionario e igualitarista; y, por el otro, el ámbito conservador, católico, y que procura la persistencia de las jerarquías y creencias tradicionales. Jalisco es tierra de herencias cristeras y arzobispos prominentes, familias de costumbres arraigadas y agrupaciones derechistas; pero también ha sido cuna de artistas transgresores y literatos de vanguardia, políticos anticlericales, y hasta organizaciones radicales.

José Guadalupe Zuno Hernández es uno de los personajes centrales del campo liberal. Fue fundador del llamado Centro Bohemio, agrupación que integró a hombres que marcaron el panorama cultural de Jalisco y de México. Entre ellos se puede contar a David Alfaro Siqueiros, Amado de la Cueva, Enrique Díaz de León, Agustín Basave, José Rolón, Ixca Farías, Juan de Dios Robledo y Manuel Martínez Valadez. El quehacer pictórico concentró los esfuerzos del Centro Bohemio, pero un rasgo clave de este grupo fue su contribución a las ideas y aspiraciones políticas del Jalisco liberal.

En un momento de su vida, Zuno Hernández decidió dedicarse a la pintura: fundó un taller y realizó exposiciones. Sin embargo, después la política le brindó oportunidades, fue funcionario del gobierno de Manuel M. Diéguez, diputado, presidente municipal de Guadalajara y, finalmente, gobernador de Jalisco. Su modo de proceder se comprende mejor si se tiene en cuenta que, en aquella época, México dejaba atrás profundos desgarramientos colectivos y buscaba convertirse en una sociedad moderna: con estado laico y un régimen comprometido con la soberanía nacional y la justicia social.

La revolución de 1910 estaba viva y era un crisol de aspiraciones sociales. Por eso, la fundación de la Universidad de Guadalajara fue el corolario natural de un gobierno que se asumía como heredero de la lucha política armada. Así fue la historia y no puede ser cambiada. La máxima casa de estudios de Jalisco resurgió identificada con el campo liberal y sus valores: el progreso, el uso de la razón, el cultivo de la ciencia, el desarrollo de las artes y la cultura, la generalización de los derechos y el acceso abierto a la educación superior.

Ayer, en una excelente alocución conmemorativa, José Manuel Jurado Parres, director de la Preparatoria número 5 de la Universidad, recordó una carta de respuesta que Zuno Hernández le envió al obispo Orozco y Jiménez. En ella, Zuno defendía al gobierno del estado contra la injerencia de la iglesia católica: “Yo no tengo ninguna obligación, ni personal ni oficial, de buscar paz y armonía con el clero, si no es a base de obediencia y respeto a las leyes; pues ante la personalidad oficial del gobierno no existen sino los ciudadanos con sus derechos y todas sus obligaciones”. Son palabras que proyectan un compromiso con un orden republicano, legal, laico y democrático.

Siguen resonando tanto en nuestros días que pueden servir de inspiración a los gobernantes del Jalisco contemporáneo. Pongamos atención a otro pasaje de la misma carta que Zuno dirigió a Orozco y Jiménez: “Respecto de la amenaza que envuelve uno de sus párrafos sobre la alteración del orden al llamado de algún eclesiástico, debo decir a usted que en ese caso obraré con toda la energía que tal actitud merece; y tendría mucho gusto en que se presentara un problema de esa naturaleza durante mi gobierno, para demostrar a la opinión pública mi resolución de hacer guardar el orden aun cuando los que lo trastornen o pretendan trastornarlo, sean de la religión de ustedes o de cualquier otra”.

Consideremos el problema del transporte urbano de Guadalajara. Sólo podrá resolverse si el Gobierno de Jalisco asume su obligación de hacer cumplir la ley para materializar los derechos de los ciudadanos.  En los últimos días, Jorge Aristóteles Sandoval se ha decantado, de manera correcta en mi opinión, por una política que resulta contundente: la defensa, hasta sus últimas consecuencias, de la Ley de Movilidad y Transporte del Estado de Jalisco. Si así lo hace será un digno continuador de la obra del gobernador Zuno Hernández y, por lo tanto, un impulsor del Jalisco moderno.

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