Atrevimientos

Gracias Gabriel García Márquez

El significado del fallecimiento de García Márquez es tan profundo como su vida y su quehacer… Quienes trabajamos en la Universidad de Guadalajara tenemos con García Márquez una permanente deuda de gratitud.

Esta Semana Santa quedó marcada con la muerte de Gabriel García Márquez. Le ocurrió a los 87 años, en la Ciudad de México, luego de sufrir una enfermedad infecciosa y tras una senilidad que le arrebató la lucidez y lo alejó de la vida pública. Hoy se le rinde un homenaje en el Palacio de Bellas Artes. México, Colombia y América Latina estarán allí para despedirse de él; seguramente será una ceremonia de las más tristes y emotivas.

En los últimos años ya suman una cantidad importante los fallecimientos de literatos mexicanos, latinoamericanos e ibéricos. Sus partidas marcan el fin de una larga época para las letras y el pensamiento de nuestros pueblos. Se han ido Jorge Luis Borges, Juan José Arreola, Octavio Paz, Tomás Eloy Martínez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sabato, Camilo José Cela, Juan García Ponce, Carlos Monsiváis, José Saramago, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Juan Gelman, y ahora Gabriel García Márquez.

La lista no es exhaustiva, pero sí suficiente para considerar que la cultura contemporánea de nuestros países no puede entenderse sin el trabajo espiritual de hombres como estos. Todos alcanzaron su triunfo profesional hacia la década de los sesenta y fueron un referente para comprender el siglo veinte desde nuestras latitudes: en crónica periodística, mediante la ficción literaria o el ensayo, describieron, apoyaron o criticaron sus principales episodios y tendencias.

Naturalmente, no todos compartieron la misma visión política. Borges y Saramago, por ejemplo, ideológicamente están alejados entre sí; algo similar ocurre entre Paz y Monsiváis. Es claro que tras la literatura, o al lado de ella, estos hombres se han comprometido con posiciones políticas y actitudes públicas. Es célebre –y polémica– la amistad de Fidel Castro con Gabriel García Márquez y el entusiasmo de éste con el régimen revolucionario de Cuba. En este país, por ejemplo, fundó una escuela de cine.

Nuestro subcontinente siempre ha ido tras las ideas filosóficas y políticas gestadas en Europa y América del Norte. No hemos tenido un pensamiento social original. Sin embargo, gracias en parte a hombres como los arriba mencionados, tenemos una literatura de importancia universal y que no se reduce a un conjunto de obras de ficción: también es una cantera de ideas y nociones para explorar y extraer una manera propia de comprendernos. García Márquez y compañía nos han legado una perspectiva para explicar a un tiempo nuestra excentricidad frente a la modernidad, nuestro sitio en Occidente, y nuestra peculiaridad.

El significado del fallecimiento de García Márquez es tan profundo como su vida y su quehacer. No soy quién para emitir un juicio sobre su obra literaria y su actividad pública. Los especialistas emiten sus juicios y valoraciones. Sin embargo, cualquier ciudadano medianamente informado debe aquilatar su trabajo al servicio del idioma español y de la cultura de nuestros países.

Quienes trabajamos en la Universidad de Guadalajara tenemos con García Márquez una permanente deuda de gratitud. Hace más de veinte años, él y Carlos Fuentes recibieron del Gobierno de México una beca como creadores. En lugar de utilizar esos recursos para su provecho individual, decidieron dedicarlos a la memoria de otro grande: el argentino Julio Cortázar. Concibieron una cátedra con el nombre de este último y que invitara a literatos, intelectuales, estadistas y académicos, para que ofrecieran cursos cortos y conferencias magistrales a estudiantes, profesores y público en general. Los temas: los que tienen que ver con el universo de Cortázar: la ficción y la imaginación, pero también la crítica, el pensamiento político, la filosofía, el arte y la estética.

Para albergar a la Cátedra Cortázar, García Márquez y Fuentes eligieron una tierra que resultó muy fértil: la Universidad de Guadalajara. Con el cuidado y empeño de Raúl Padilla, quien en ese entonces ocupaba la Rectoría General, la Cátedra Julio Cortázar pudo nacer y florecer. Este año cumple veinte años de labor y se ha convertido en uno de los acontecimientos más afortunados de la Universidad de Guadalajara. Gracias a ella, nuestros estudiantes han conocido de cerca a muchos escritores, profesores y políticos que habitan sitios de honor en la república de las letras y las ideas.

Para guardarse en la memoria quedan las constantes visitas de García Márquez y Fuentes a Guadalajara, a la Cátedra Cortázar y también a la Feria Internacional del Libro. Los dos siempre apoyando estas actividades, con ilusión, seriedad y profesionalismo. Allí están, en los archivos electrónicos, las ocasiones en que asistieron al Paraninfo Enrique Díaz de León, para animar la tertulia intelectual que contribuyeron a forjar en la Universidad. Gracias Gabriel García Márquez y, también, por supuesto, gracias Carlos Fuentes, miembros de honor de la máxima casa de estudios de Jalisco.

raulso@hotmail.com