Atrevimientos

Firmemos en defensa de Los Colomos

Hoy es último día para que los ciudadanos estampen su firma en busca de un amparo federal que ayude a proteger una sección del Bosque de Los Colomos que está amenazada por propósitos de usufructo privado. Hasta ayer iban cerca de 6 mil firmas. Ojalá que la cifra se incremente, de manera que se configure una fuerza política ciudadana que apoye a las autoridades de Jalisco en este caso de lucha por la protección del interés público.

Lo que pasa en Los Colomos pasa en todo México. Me refiero a la apropiación privada de los espacios comunes y el atropello de los derechos de todos a un ambiente natural limpio, sano, seguro y apropiado para una convivencia digna. Se trata, por supuesto, de un asunto legal, pero, en última instancia, lo que definirá el destino del bosque es la correlación de fuerzas políticas entre la sociedad, el Estado y los intereses constituidos alrededor de este asunto.

¿Cuántas veces se ha repetido la historia en el Bosque de Los Colomos? Desde que tengo memoria, éste se ha ido reduciendo. Se dice que en un siglo el bosque ha perdido unas 132 hectáreas, sobre todo a manos de particulares. Jamás se ha podido garantizar de manera plena su protección; cada cierto tiempo, nuevas zonas del bosque se aprovechan privadamente y se convierten en viviendas o centros comerciales. Y, claro, los que pagan el daño ambiental a la ciudad somos los habitantes, humanos y no humanos: pensemos en la flora y la fauna que sufre las consecuencias.

Ahora, unos particulares reclaman el derecho sobre una cuarta parte de las 270 hectáreas del bosque con el objetivo de construir torres de departamentos. Ellos acudieron al Tribunal Administrativo del Estado y revirtieron la negativa del Ayuntamiento de Guadalajara ante su petición de permiso para construir. Frente a tal circunstancia, el Gobierno de Jalisco inició la colecta de firmas para conseguir un amparo directo que impida este nuevo desmembramiento del parque. Según la secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo, Margarita Ruiz Mejía, unos particulares se ampararon para dejar sin efecto la Declaratoria de Área Natural Protegida del Bosque de Los Colomos. Y lo peor, es que en una de las áreas en litigio, el predio llamado El Chuchucate, se generan 200 litros de agua por segundo, lo que representa la mitad del agua que mana en todo el bosque.

Una historia parecida se puede contar sobre el Bosque de La Primavera, el otro pulmón, más importante aún, para el entorno más amplio del área metropolitana de Guadalajara. Allí el drama es mayor, pues sólo el 18 por ciento de La Primavera está realmente protegida, al ser propiedad del gobierno del Estado; el resto la poseen ejidatarios y pequeños propietarios, muchos de los cuales, de manera sistemática, fraccionan y hacen negocio con sus territorios.

Ha habido muchos intentos por proteger La Primavera, pero todos se han estrellado con las voluntades privadas que siempre han ganado, a pesar de que el tema es de interés de muchos ciudadanos activos. Acaso la solución, como alguna vez se propuso, es que el gobierno del Estado compre las posesiones de todos sus propietarios para poder materializar el cuidado de este importante territorio. Sería un hecho histórico que daría verdadera esperanza para las presentes y futuras generaciones.

Por lo pronto, en La Primavera hay otro litigio, alrededor de un desarrollo inmobiliario llamado Santa Anita Hill o Bosque Alto. Allí, el gobierno de Tlajomulco ha defendido con éxito, hasta ahora por lo menos, la vida silvestre de una zona de unas 62 hectáreas habitadas por 6 mil árboles que son esenciales para la salud ambiental tapatía. Además, allí hay importantes mantos freáticos, veneros subterráneos y escurrimientos naturales.

El otro caso crítico, de enorme importancia, es el del Malecón Tajamar, que es un proyecto del Fondo Nacional de Fomento Turístico (Fonatur), con la intervención, también, de inversionistas privados. El propósito es construir, en 74 hectáreas, zonas habitacionales, de oficinas y comerciales. Desde hace varios años se le encontraron irregularidades al proyecto, entre ellos el ocultamiento de información a Semarnat, por parte de Fonatur, sobre los manglares que están en la zona. Por ese motivo, se había logrado la suspensión de la construcción.

Sin embargo, en días pasados se destruyeron 57 hectáreas de manglares, de manera subrepticia y apresurada, lo que provocó, además de la tala, la muerte de miles de especies animales que allí vivían. Al parecer, la tala contó con la aprobación de autoridades federales y estatales. La reacción de los activistas ha estado a la altura de las circunstancias. Greenpeace, por ejemplo, está demandando la suspensión definitiva de la obra. Lamentablemente, todo parece indicar que el acto es irreversible, en términos del daño ocasionado a la naturaleza.

Lo que tenemos al alcance, en Guadalajara, hoy, es firmar en apoyo a la lucha por la defensa de Los Colomos.