Atrevimientos

FM4 Paso Libre: en apoyo a los migrantes

Guadalajara ya es algo más que un sitio de paso para miles de migrantes de Centroamérica y el sureste mexicano en su camino a Estados Unidos, sobre todo a raíz de que la ruta del Golfo se volvió más peligrosa y difícil. Aquí también confluyen los que regresan del Norte, deportados hacia sus países de origen, y los trashumantes que se van quedando para buscar un modo de vida en los entresijos ruinosos y polvorientos que esconde la zona metropolitana.

El eje de donde irradia esta presencia es la vía del ferrocarril en un tramo de cincuenta kilómetros, que va de San José del Castillo y La Alameda, en el municipio de El Salto, hasta la Venta del Astillero, en Zapopan. Cuando el tren deja La Venta y toma una velocidad inalcanzable para el ser humano, ya ha dejado tras de sí muchos lugares sobre los que se percibe la huella profunda de los migrantes.

Antes de Las Juntas, donde la vía recibe la confluencia del ferrocarril de Manzanillo, muchos migrantes encuentran sitio para pasarla en colonias como La Duraznera, El Tapatío, La Barba, Micaelita, El Campesino y Solidaridad. Adelante de Las Juntas el paisaje se colma de andenes, patios industriales y rieles que se entrelazan, lo que permite el asentamiento de muchos inmigrantes que han formado allí, desde hace varias décadas, verdaderos guetos a la tapatía: la Comunidad Mixteca, El Campamento, El Embarcadero, Las Casetas y La Cueva.

Si los viajeros se apean en la zona residencial de la Avenida Inglaterra, entre los municipios de Guadalajara y Zapopan, pedirán la solidaridad de los tapatíos en la calle y entre los automóviles, los restaurantes y los centros comerciales. Más adelante, pero antes de La Venta, nuevamente habrán de formar agrupaciones de población permanentes en sitios como Jocotán, San Juan de Ocotán y El Barrio Centroamericano.

A lo largo de todos estos puntos, los migrantes han buscado espacios para resguardarse y reponer sus fuerzas, pero muchos de ellos han sido asaltados por bandas criminales, extorsionados por distintos tipos de corporaciones policiacas, municipales y federales, maltratados por guardias al cuidado de las instalaciones ferroviarias, y hasta lastimados por niños que les arrojan piedras por pura diversión. A esta condición de sufrimiento hay que añadir las contusiones, las heridas, las escoriaciones y las fracturas que han recibido en su travesía sobre el tren, lo que se combina con el cansancio y el daño a la salud producido por las inclemencias del tiempo y la falta de alimentación adecuada durante muchos días.

Pero el problema no termina allí, porque los indigentes tapatíos comunes aprovechan la situación para hacerse pasar por migrantes centroamericanos y pedir limosna y hacer fechorías. De esta forma, se produce una situación de mayor inseguridad y tensión, que raya en una suerte de canibalismo social.

El enclave migratorio en que se ha convertido la zona metropolitana de Guadalajara implica la residencia constante de una población que a veces va y viene, pero que tiende a establecerse buscando un modo de vida anclado en la colaboración de muchos centroamericanos que han forjado redes de colaboración para conseguir empleo o formas imaginativas de pedir limosna, como aquella que se apoya en la venta de chapulines fabricados con fibras naturales, por ejemplo.

Encima del sufrimiento, desarraigo y desesperanza que enfrentan, los migrantes son objeto de estigmatización por parte de la población de clase media de Guadalajara. De ello dan cuenta los comentarios que algunos ciudadanos expresan a los medios de comunicación, en los que se deja ver la falta de comprensión del fenómeno: “México tiene sus propios problemas con sus propios habitantes como para estar cuidando a gente que ni siquiera es de México y lo peor de todo que de nuestros impuestos les demos todo lo que sus gobiernos no les dan, es como cuidar al hijo ajeno del vecino, es hacerlo más irresponsable con sus obligaciones”.

He escrito estas líneas a partir del excelente Informe de Investigación presentado el viernes pasado en Guadalajara a cargo de la asociación civil FM4 Paso Libre, Dignidad y Justicia en el Camino. El esfuerzo que realiza esta organización es digno de reconocimiento y felicitación. Sus inicios se remontan a 2006 y 2007 cuando un grupo interdisciplinario de ciudadanos decidieron sumar sus capacidades para brindar atención, apoyo y solidaridad a los migrantes del camino. Comenzaron acopiando alimentos, ropa y toda clase de ayuda para que los migrantes pudiesen reparar sus fuerzas y continuar su tránsito. Sin embargo, su trabajo va más allá y desarrollan investigación sociológica y etnográfica de la mano de especialistas.

La mayoría de los tapatíos tendemos a ignorar la presencia, cada vez más intensa, de los miles de migrantes que a diario pasan por Guadalajara en su intento por llegar a los Estados Unidos. Leer el informe de FM4 es una forma de conocer el problema y contribuir a una sociedad más solidaria.