Atrevimientos

Enzo Traverso: ¿Qué fue de los intelectuales?

Entre hoy y el 19 de marzo tendrá lugar, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (sede La Normal), el Quinto Congreso Nacional de Ciencias Sociales organizado por la Universidad de Guadalajara y el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO).

El tema general del congreso será “La agenda emergente de las ciencias sociales: conocimiento, crítica e intervención”. Vendrán conferencistas muy destacados, entre ellos, Jeffrey C. Alexander, Saskia Sassen, Claudio Lomnitz, Luis F. Aguilar, Wolfgang Knöbl y José Woldenberg. Además, habrá un amplio repertorio de temas que organizarán las mesas de trabajo. Se esperan unos 1,300 ponentes.

Pensaba sobre el mencionado congreso y di con un escrito sobre el que vale la pena comentar hoy. Me refiero al libro de Enzo Traverso llamado ¿Qué fue de los intelectuales? Se trata, sin la menor duda, de un trabajo muy recomendable para todos los que se sientan incómodos con la marcha de las sociedades contemporáneas y sus problemas.

Es una reflexión sobre el destino del quehacer intelectual en nuestros días. No resulta extraño que los intelectuales, su prestigio, su poder y su capacidad de convocatoria, estén en crisis, como tantas cosas hoy en día. La cultura de masas contemporánea y sus poderosas industrias, los medios de comunicación, los partidos e incluso los gobiernos, ya no los necesitan.

Todos estos ámbitos se las arreglan con expertos publicistas, mercadólogos, tecnócratas y diseñadores de políticas. Ellos “forman” la opinión de los ciudadanos, construyen la legitimidad de los políticos, hacen ganar a determinados candidatos las elecciones y convencen al gran público de que las decisiones del gobierno son técnicamente neutrales, de manera que el orden social imperante es natural y, prácticamente, inmodificable. Algunos economistas, por ejemplo, presentan por televisión las mejores soluciones al alcance para salir de las crisis, pero jamás cuestionan las razones reales de éstas ni quiénes son los sectores que resultan beneficiados con ellas.

No siempre fue así. Hubo un tiempo en que los intelectuales realizaban una labor educativa en el seno de los partidos políticos, desempeñaban una tarea crítica frente a los gobiernos y alimentaban una visión del futuro concebida no bajo la creencia de la repetición de lo mismo, sino como un horizonte de expectativas. Era el tiempo de los intelectuales comprometidos con una causa política; para ello, participaban en la esfera pública y su debate de ideas, ejercían el examen moral de las acciones políticas, además de que se vinculaban con movimientos sociales y partidos. También, por supuesto, en algunos casos exitosos, se relacionaban con determinados gobiernos. Naturalmente, muchos intelectuales se equivocaron; otros cayeron presa de los dogmatismos, y otros más fueron utilizados por los políticos y los partidos convertidos en gobiernos.

El surgimiento de los intelectuales, en el sentido moderno del término, como un grupo social dotado de cierta autonomía crítica frente al poder y la riqueza, tiene que ver con el surgimiento de la moderna sociedad industrializada y urbanizada, de masas, en la que aparecen los problemas públicos como susceptibles de ser discutidos por un público instruido e informado. La prensa, los cafés, los salones literarios y la publicación de libros, hicieron que floreciera este sector de la sociedad, cuya vocación fue de crítica a lo existente y de creación de utopías alternativas.

Estamos hablando de fines del siglo XIX y principios del XX. El surgimiento del mercado hizo posible que los intelectuales pudieran vivir de su pluma, gracias que sus textos eran comprados por un público cada vez más ilustrado. En su manifestación más típica, los intelectuales encarnaban los ideales de la Ilustración, los derechos políticos, los ideales de emancipación humana e igualitarismo, la libertad y la justicia social.

Pero Traverso acepta que los intelectuales también pueden ser de derecha, aunque aclara que “históricamente el ‘intelectual’ se inscribe en la tradición del Iluminismo contra la cual siempre combatieron los nacionalistas y la derecha conservadora”.

Es muy difícil estar en el poder y seguir siendo un intelectual. Hay tres tipos de relación entre los intelectuales y el poder: el rey-filósofo, que se convierte en gobernante; el consejero del príncipe, que termina como su sirviente. El tercer tipo es el crítico del poder, que defiende Traverso. Este párrafo define con claridad su postura:

 “…entiendo la necesidad de redefinir el papel del intelectual a partir de las mutaciones históricas de nuestras sociedades, pero no estoy de acuerdo con decretar el fin del intelectual crítico, que supuestamente ya no tendría papel alguno que desempeñar... La dominación, la opresión, la injusticia no han desaparecido. No podríamos vivir en este mundo si nadie las denunciara”.