Atrevimientos

Del "Brexit" a Trump: la larga noche invernal

Independientemente de que mañana Clinton salga victoriosa, la sociedad estadunidense quedará dividida. Quienquiera que vaya a ocupar la Casa Blanca tendrá que lidiar con una realidad de antagonismos crecientes, desconfianza pública y odio étnico. De un lado, están los desesperados con las consecuencias de la globalización, el cambio tecnológico, la inmigración indocumentada, la inseguridad en el empleo, la concentración de la riqueza y la incertidumbre sobre su futuro.

Del otro, están los que creen que pueden salir adelante en el marco de posibilidades del capitalismo contemporáneo, o que por lo menos quieren conceder una nueva oportunidad a los políticos y las instituciones actuales. En medio, está la población indocumentada que asiste como invitada de piedra a un espectáculo en el que se juega su futuro.

Algo parecido ocurre en el Reino Unido. El referéndum de junio dio como resultado algo más que la decisión de ese país de abandonar la Unión Europea (el famoso Brexit). La resolución no sólo fue cerrada en términos del número de votos obtenidos por cada bando, sino que careció de perspectiva de futuro: los ganadores fueron los primeros sorprendidos y no previeron la manera de poner en práctica el Brexit. La consecuencia es que no hay claridad sobre los alcances y los ritmos de la transición hacia un Reino Unido fuera de Europa, y por lo tanto no se ha diseñado una estrategia que permita superar las dificultades que ya se están presentando.

Algunos efectos inmediatos han sido el alza de precios, sobre todo en aparatos que incorporan tecnología de punta, y la caída en el tipo de cambio de la libra esterlina. Incluso, hace unos días hasta se escaseó un tipo de mantequilla que los ingleses consumen cotidianamente. Además, los británicos han decidido no viajar de vacaciones al extranjero en la misma proporción en que lo venían haciendo.

Hace unos días, el Parlamento ha ganado una controversia contra la Primera Ministra Theresa May, que le permitirá desempeñar un rol más activo en la transición, lo que incluye la posibilidad de hacerla más lenta y, acaso, controlar mejor sus posibles consecuencias negativas. Sin embargo, todavía quedan muchos litigios por delante frente a una situación que las leyes británicas no tenían prevista, y el resultado es, de nueva cuenta, la incertidumbre provocada por una sociedad profundamente dividida que no atina a pactar acuerdos fundamentales sobre lo que quiere y mucho menos a diseñar políticas públicas claras, eficaces y racionales.

En un libro de reciente aparición llamado Política: Entre los Extremos, el ex Vice Primer Ministro del Reino Unido, Nick Clegg, explica los nuevos antagonismos que definen el campo de la política contemporánea (que se presentan tanto en Inglaterra como en Estados Unidos y Europa), y que están provocando un activismo basado en la política del miedo, los agravios y la exacerbación de las identidades. Veamos:

“Nuevas divisiones están endureciendo a nuestra sociedad, entre los que se sienten cómodos con el ritmo del cambio en una economía moderna y globalizada, y aquellos que se sienten desorientados por ella; entre los que están a gusto con la creciente diversidad de la sociedad y los que se sienten alienados; entre los que se entusiasman con las oportunidades que les ofrece la tecnología de la información y aquellos para los que constituye un misterio; entre aquellos que celebran la apertura de Gran Bretaña al mundo exterior y los que desearían cerrarla”.

“Estas profundas diferencias de actitud --optimista o pesimista, entusiasta con el cambio o alarmado por él, de apertura o de cerrazón-- toman muchas formas. Es evidente que aquellos afortunados por el beneficio de tener una buena educación y competencias transferibles se sentirán más confiados acerca de las oportunidades disponibles para ellos que los que no la tienen. Los viejos trabajadores con competencias básicas se sienten particularmente --y comprensiblemente-- ignorados y dejados atrás, en tanto su sitio en un mercado de trabajo rápidamente cambiante es tomado por otros, o abolido por la tecnología”.

Para Clegg el Brexit es uno de los más grandes actos de auto-inmolación ocurridos en los tiempos modernos, el cual, en el largo plazo, probablemente conducirá a la separación del Reino Unido y a la posible desintegración de la Unión Europea, además de que provocará un gran daño al tejido social y el fin de Gran Bretaña como una potencia mundial de primer orden.

Urge evitar los riesgos del populismo demagógico. Nick Clegg impulsa una política basada en la razón y el compromiso que permita evitar los extremismos y la ilusión en las salidas fáciles. Si gana Clinton habrá que esperar una corrección en el funcionamiento de las instituciones cívicas y el capitalismo, así como la construcción de una política racional, sensata y equilibrada. No hay otra opción. Si pierde o si no lo hace, tendremos una larga noche invernal.