Atrevimientos

2014: Año de peligro mundial

2014 será un año axial. Se cumplen cien años de la Primera Guerra Mundial, acontecimiento que dio fin a la Paz de Cien Años (1815-1914) y que marcó, según Eric Hobsbawm, el verdadero inicio del siglo veinte. Pero no es eso lo que hará importante a este año, sino el hecho de que, en estos días, nuestra centuria está asomando el rostro: La posibilidad de conflictos bélicos entre potencias mundiales.

De paso, el año nos está dejando claro que fue exagerada la euforia provocada por el triunfo de la democracia liberal en muchos países, luego de la caída del socialismo real y la debacle de los autoritarismos de todo signo ideológico. Otra ilusión astillada es la creencia en que la globalización auguraba un periodo de paz y estabilidad, presidido por el imperio de la razón democrática y el derecho internacional.

El pasado 27 de julio, el diario El País dio a conocer las afirmaciones del analista Strobe Talbott quien observa paralelismos entre 1914 y 2014. El primero es el descontento global con “los diferentes sistemas de gobernanza, incluidas las democracias occidentales”. El segundo es “el crecimiento de un nacionalismo de tipo peligroso”, como el que se manifiesta en las acciones de Vladimir Putin en Ucrania; dice Talbott: “Ha resucitado algo que creíamos que pertenecía a la geopolítica del pasado: El chovinismo agresivo y unilateral, el nacionalismo predatorio, el irredentismo…”. El tercero es la acumulación de varios conflictos que están ocurriendo de manera simultánea, como el ya mencionado entre Ucrania y Rusia; la ocurrencia de tensiones entre China, por una parte, y Vietnam y Filipinas, por la otra; las dificultades que se están presentando entre China y Japón, “así como la disolución en Oriente Próximo de las fronteras establecidas tras la Primera Guerra Mundial”.

A estas zonas de beligerancia debemos agregar, por lo menos, la guerra entre Israel y la organización Hamás, la violencia en Libia, la guerra civil de Siria, así como la inestabilidad instalada en Irak y en Afganistán. A Danielle Pletka, analista del American Enterprise Institute, todo esto le “recuerda a la época de entreguerras, a los años treinta, y a los años previos a la Primera Guerra Mundial”.

El escenario internacional es muy complejo como para intentar predecir el futuro. Además, el presente siempre difiere del pasado y son inconmensurables los factores que intervendrán en el destino del siglo veintiuno. De los aspectos mencionados por Talbott, quiero referirme a la bancarrota de la democracia, y a la consiguiente irrupción de toda clase de autoritarismos reeditados, corregidos y en algunos casos aumentados. Ya en plan de buscar paralelismos con el pasado, le tomo la palabra a Danielle Pletka: Asomémonos a los años treinta, pero a partir de algo que tal vez sorprenda al lector: Algunas líneas escritas por el poeta y ensayista mexicano Jorge Cuesta.

En un artículo publicado en 1936, llamado “La crisis de la democracia”, Cuesta decía: “…la crisis de la democracia se ha señalado en las hondas divergencias que han surgido entre la práctica política y la teoría constitucional: las constituciones se han visto ignoradas, violadas por la realidad; de tal modo que, aunque conservándose virtualmente en vigor las normas democráticas constitucionales, la vida política las ha desconocido con todo disimulo, poniéndose fuera de la ley… El Estado conforme a la razón, el Estado fundado en el consentimiento universal se ha visto reemplazado en la realidad por un Estado que obedece a condiciones puramente empíricas, sin ninguna raíz en el ideal”.

Cuesta atestiguaba la irrupción del fascismo y el comunismo, daba cuenta del irracionalismo y las doctrinas políticas basadas en la fe, que en muchos países estaban sustituyendo a la democracia. Para Cuesta la pasividad política de los ciudadanos y la búsqueda de seguridades dogmáticas de Estado, terminaron por destruir la democracia, la cual requiere, por principio, asumir el riesgo de experimentar y basarse en el examen racional de los asuntos públicos. El consentimiento universal, si es democrático, es deliberativo y no es absoluto. Jamás podrá resultar de la pasividad de los ciudadanos.

El brillante análisis de Jorge Cuesta tiene una actualidad que apabulla. Hoy en día son muchas las formas en que la democracia es nulificada. También las hay sutiles. Las más observan con escrúpulo los dictados de la ley, aunque las decisiones del gobierno estén muy lejos de resonar con arreglo a lo que habría preferido el consentimiento universal de los ciudadanos. Esto ocurre en todo el mundo. ¿Qué formas adquiere este proceso en México? Vamos a vivir tiempos difíciles. El siglo veintiuno no será democrático. Luchemos para que no sea violento. Acaso al final, luego de superado el trance de las tensiones o conflictos que viviremos, el desenlace sea una nueva forma de Estado y bienestar colectivo, como la que advino después de la Segunda Guerra Mundial.

 

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