Atrevimientos

Adolfo Suárez y la moderación como política

Lamentablemente, la demencia senil degenerativa que desde hace más de diez años se apoderó de Suárez se agregó a la suma de circunstancias que impidieron que éste disfrutara de una oportuna revaloración colectiva de su legado.

Ayer murió Adolfo Suárez, el presidente del gobierno de España entre 1976 y 1981 cuya acción resultó clave para que ese país alcanzara la democracia luego de los largos años de la dictadura franquista. Durante todo el día la televisión española interrumpió su programación habitual para comentar la noticia, mostrar reportajes y entrevistar a políticos, periodistas, ciudadanos y analistas, sobre el significado histórico de Suárez y los sentimientos provocados por su fallecimiento.

Los principales líderes políticos españoles, entre ellos el rey Juan Carlos, el presidente Mariano Rajoy y el dirigente del PSOE, Alfredo Pérez Ruvalcaba, expresaron sus condolencias por la partida de Suárez y reconocieron su papel en la construcción de la España contemporánea. Los ciudadanos de a pie entrevistados también resaltaron la importancia de Suárez: lo perciben como un político honesto que buscó la concordia y buscó realizar los intereses superiores de su nación; algunos de ellos, haciendo una implícita referencia al clima político que se vive en su país hoy en día, dijeron que España jamás tendrá otro político de su estatura.

Hay algo en torno a la muerte de Suárez que llama la atención. Los comentarios de los periodistas van más allá de un natural sentimiento de consternación por la pérdida de un político apreciado: dejan percibir una especie de sentimiento colectivo de culpa porque el reconocimiento público al desempeño de Suárez llegó, pero no con la debida oportunidad ni con el alcance necesario. Sólo hasta hace unos pocos años ha comenzado a hacérsele justicia a la figura de Suárez. Lamentablemente, la demencia senil degenerativa que desde hace más de diez años se apoderó de Suárez se agregó a la suma de circunstancias que impidieron que éste disfrutara de una oportuna revaloración colectiva de su legado.

Suárez dimitió a su cargo abruptamente, en medio de rumores de que iba a ocurrir un golpe de estado y luego de haber perdido el apoyo del partido que lo llevó al poder, la Unión de Centro Democrático, coalición en la que confluyeron políticos socialdemócratas, liberales, demócrata-cristianos y franquistas moderados. Con el paso del tiempo, Suárez intentaría regresar a la política y formó un nuevo partido, llamado Centro Democrático Social, pero los ciudadanos no votaron por él en una proporción relevante y se vio obligado a retirarse de la actividad pública de manera definitiva.

Al parecer, Suárez vivió el resto de su vida guardando un sentimiento de que los ciudadanos no fueron agradecidos con él. Hoy, muchos años después, poco a poco se instala en la conciencia española la idea de que Suárez fue un gran presidente y de que la época que dio origen a la democracia fue mucho más brillante y esplendorosa que los días que corren.

Gracias a la capacidad de concertación de Suárez se hicieron las reformas constitucionales que permitieron a España desmontar el régimen legado por Francisco Franco y construir el sistema pluralista y de libertades políticas y civiles que hoy gozan los españoles. En principio, fue Juan Carlos quien lo nombró presidente del gobierno, pero luego logró ratificar su cargo con el voto de los ciudadanos. Adolfo Suárez fue el primer presidente electo democráticamente de la España contemporánea y el artífice de los consensos que lograron los famosos Pactos de la Moncloa, el acuerdo para una nueva constitución, la amnistía para los presos políticos, la legalización del Partido Comunista y el establecimiento de las libertades políticas y civiles.

Hoy que la política sufre de gran desprestigio en todo el mundo, vale la pena estudiar el caso de Adolfo Suárez porque se desempeñó como un político hábil, constructivo y que entendió la responsabilidad que le exigieron sus circunstancias. Suárez perteneció al antiguo régimen y ascendió en la política con el apoyo de un falangista y, naturalmente, del rey de España. Sin embargo, también comprendió que la sociedad española buscaba el pluralismo, la normalidad democrática y la apertura a Europa y el mundo. Esas dos circunstancias le permitieron ganarse la confianza de los franquistas y los jóvenes al mismo tiempo.

Suárez ha sido un ejemplo del político que busca el diálogo y la reconciliación para realizar propósitos de estado. Su modo de conducción política es paradigmático de eso que se llama centro y que, aún ahora, quienes buscan transformaciones radicales y soluciones absolutas a los grandes problemas siguen sin entender en qué consiste. Ayer, uno de los periodistas reunidos para recordar a Suárez comentó que el mundo libre solo se gobierna desde la moderación, el centrismo y lo social: esto lo tenía muy claro Suárez y esto sigue siendo vigente.

En una ocasión, Suárez declaró que con frecuencia se confunde la concordia con el conformismo. Hoy es claro que la política de la moderación, la humildad y el entendimiento es la única que se sostiene a largo plazo.

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