Piense como tripulante, no como pasajero

A menudo, en algunas oficinas burocráticas, los empleados minutos antes de salir hacen fila, esperando que el reloj checador marque la hora. Es triste encontrarse con dichas personas, que por su forma de pensar, jamás saldrán de la mediocridad.

David Swartz, autor del libro La magia de pensar en grande, menciona que para obtener un ascenso en el trabajo hay que pensar positivamente. El escritor ejemplifica que toda empresa es como un barco, y si la tripulación no asciende de puesto es porque piensa como pasajero, no como tripulante.

Sin embargo, la responsabilidad no es sólo de los empleados, parte de ella la tienen los patrones que no los motivan. Motivación. La misma palabra lo dice: motivo de acción. Bastaría apretar ese botón para que los empleados de cualquier negocio o empresa rindan al máximo. A veces hay excepciones. Resulta que en alguna empresa en la que los empleados piensan como pasajeros, entra a trabajar una persona que piensa como tripulante; y para desagrado de todos, el nuevo compañero trabaja fuera del horario normal sin exigir el pago de horas extras, hace sugerencias, expone nuevas ideas y cuando termina su trabajo, ayuda a sus compañeros. Pero éstos, lejos de agradecérselo, le hacen la vida imposible. Si el patrón también piensa como pasajero, de seguro ese tripulante buscará nuevos horizontes. Cierta vez, un cochero quería cobrar de más a paganini, arguyendo que el músico ganaba más de mil florines por tocar en una sola cuerda. Paganini respondió con enfado: “El día que usted lleve su coche sobre una sola rueda, también podrá pedir lo que quiera”.

De seguro Paganini, para cobrar esa elevada cantidad de dinero, tuvo que pensar como tripulante. Los que piensan como pasajeros siempre actuarán como el cochero de este relato. Imitemos a quienes, como Paganini, llegaron a la cima. Trabajar las ocho horas y cumplir con nuestro trabajo nos proporciona el cheque de pago y el agradecimiento de nuestros jefes, pero el horario de trabajo se nos hace monótono porque sólo hacemos lo que ellos esperan de nosotros.

En cambio, cuando nos atrevemos a salir de la rutina, trabajando en ocupaciones ajenas a la nuestra, transformamos la vida rutinaria en una vida plena. Si desea progresar en su trabajo, empiece a tomar ventaja de su patrón o jefe haciendo más de lo que se le pide. Cuando usted empiece a pensar como tripulante, se dará cuenta que la verdadera compensación de gozo y de logro en su trabajo empieza donde la obligación termina.