Economía empática

La verdadera amenaza

Ni los bamboleos internacionales ni las vociferantes advertencias de Trump son tan amenazantes para la economía mexicana como sus problemas educativos. La historia de tragedia repetida hoy se refleja en el último informe que ubica a México en el último lugar en educación dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Decepcionante en lectura, matemáticas y ciencias, los resultados de la evaluación de PISA -que abarcaron 540 mil estudiantes de 15 años de 72 países-  son sólo una muestra de la incubación del atraso desde las deficiencias del sistema educativo, sin contar con la marginación que todavía padecen quienes no llegan o no pueden quedarse en las escuelas.

No sólo se trata de malos resultados generalizados desde hace mucho tiempo, sino del punto central del que derivan la pobreza, la desigualdad, la fragilidad económica y la escasa capacidad de innovar para renovar la economía. Con la formación mediocre de generaciones completas, el resultado no puede ser distinto al atraso en distintos ámbitos de la vida. Desde los bajos niveles de competitividad, los problemas para conseguir un buen empleo o las limitaciones para ingresar plenamente a la economía del conocimiento, la cuestión educativa sigue siendo el problema de fondo, el asunto largamente postergado que requiere atención urgente. Los grandes conflictos económicos tienen un rostro educativo. De ahí vienen y ahí hay que corregir.

Basta con ver los resultados de Singapur para ver que en ese pequeño país sin riquezas naturales entendieron que el gran cambio se da en el conocimiento de la gente. Hace 50 años tenían más pobreza que Haití y hoy no sólo son los mejores en ciencias, matemáticas y lectura, sino que lograron la transformación más extraordinaria en la historia moderna, pasando de la miseria a un país sin pobres y con uno de los niveles de calidad de vida más altos del mundo. Y para lograrlo no necesitaron grandes recetas de manual ni mucho menos esperar que la buena coyuntura o la dependencia de un vecino les hiciera el favor. Invirtieron en su educación, en la formación de su gente, en proyectos visionarios y en la innovación. Y por eso tienen una economía poderosa, una nación próspera y una población que sabe cómo enfrentar los desafíos de la era del conocimiento.

A México le falta dar el salto fundamental hacia la calidad educativa, pues sin la formación de generaciones preparadas y sin atender las necesidades de la gente, difícilmente se pueda lograr la capacidad para ajustarse a los requerimientos de la economía del conocimiento, con sus cambios constantes y sus demandas crecientes. Nos hace falta poner a la educación en el primer lugar de las prioridades, junto con la urgencia de invertir más en ciencia y tecnología. Los esfuerzos y los presupuestos deben destinarse a preparar a la gente para la gran transición hacia el conocimiento aplicado, la innovación y el emprendimiento. La verdadera amenaza está en la mediocridad y en el conformismo.

@hfarinaojeda