Economía empática

El salto tecnológico

La transición de la economía hacia el sector de servicios, desde las manufacturas a las producciones basadas en el conocimiento, tiene en la tecnología a uno de sus grandes referentes del cambio. Y en este contexto, el empleo es uno de los aspectos más representativos del cambio, a tal punto que el economista Jeremy Rifkin habla del “fin del trabajo” tal como lo conocemos y de una transformación en la que la tecnología reemplazará la mano de obra del hombre en forma cada vez más importante. Vivimos tiempos que nos obligan a aprender a usar la tecnología y a idear la forma de ser productivos, competitivos e innovadores con miras a mejorar nuestra economía.

Hace unos días el periodista Andrés Oppenheimer lanzó una advertencia que suena apocalíptica o quizás esperanzadora. Dijo que sufriremos un gran terremoto económico y que el 47 por ciento del empleo desaparecerá en los próximos 20 años. El cálculo es una proyección que puede discutirse, pero lo cierto es que muchos de los puestos de empleo que hoy conocemos ya no existirán, en tanto lo más probable es que la mayoría de los niños que hoy van a la escuela terminen trabajando en un empleo que todavía no existe. Se trata de un proceso de revolución de la economía que nos exige una preparación distinta a la que tradicionalmente teníamos: necesitamos ser más innovadores y saber cómo usar la tecnología para generar empleo y riqueza.

Por otro lado, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) resaltó que todavía falta cerrar la brecha digital en los países latinoamericanos para poder lograr mayor productividad. Es decir, países como México todavía tienen a una parte de su población sin acceso a Internet y sin poder incorporarse a una economía digital, lo que claramente marca un atraso frente a los países del primer mundo. La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, fue clara al decir que hay un buen posicionamiento en el Internet de consumo pero no así en el Internet de la producción. En otras palabras, falta pasar del uso doméstico al uso productivo para la economía.

Más allá de la discusión entre los tecnoutópicos -que creen que la tecnología es la panacea- y los tecnoescépticos -que dudan de los resultados-, estamos en una transición en la que debemos pensar cómo incorporar la tecnología a la educación, al desarrollo productivo y la generación de nuevos empleos. Con los niveles de pobreza, las urgencias sociales y la precariedad que afectan a millones de mexicanos, no podemos permitir que la tecnología se convierta en un nuevo factor de exclusión y atraso.

Definitivamente, hay que relacionar tecnología con educación, con innovación, emprendimientos y empleo. Iniciativas interesantes como el Campus Party son un buen ejemplo en busca de estrategias para juntar a las ideas creativas con la innovación tecnológica y la generación de empleos a partir de emprendimientos. Es hora de repensar los empleos y de dar el salto antes de que la tecnología se vuelva en nuestra contra y nos ubique nuevamente en el atraso.

 

Twitter: hfarinaojeda