Economía empática

Perspectivas complejas

Ni el crecimiento ni la generación de empleos ni -mucho menos- el aumento de los ingresos tienen buenas perspectivas para 2018. Luego de un año complicado que dejó empleos sin calidad, un crecimiento insuficiente, una suba de precios que castigó a todos -especialmente a los más pobres- y la incertidumbre de cómo continuará la economía, ahora debemos prepararnos para un año de especulación en cuanto a las inversiones, de expectativas con respecto al cierre de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) así como al resultado de las elecciones mexicanas, y de grandes necesidades que ya no pueden postergarse.

Estamos ante las perspectivas de un año complejo en el que por la naturaleza de lo que está en juego no se esperan grandes cambios en materia económica, pero que -paradójicamente- puede representar el inicio de un giro importante. Tanto por la continuidad o la ruptura del TLCAN o por lo que resulte de la política económica que vendrá luego de las elecciones, al menos hay un riesgo de cambio. En el escenario están los acuerdos comerciales, las medidas fiscales que podrían aplicarse como respuesta a la reforma fiscal de Estados Unidos, así como se agazapan los efectos en la cotización del peso frente al dólar, las inversiones y los empleos.

Las proyecciones son de un crecimiento moderado, apenas superior al 2 por ciento, y de una inflación que será de alrededor del 3.8 por ciento. Aunque los precios ya no subirán tanto como en 2017, el resultado será nuevamente de un golpe a los bolsillos de los consumidores, con una profundización de la pérdida del poder adquisitivo. No se espera que el mercado laboral mejore, a lo sumo que se mantenga, lo que implica que no se generarán suficientes oportunidades para atender la demanda, así como tampoco habrá mejoría en los salarios.

Si 2017 fue un año difícil y con una cuesta de precios que cerró con la inflación más alta de los últimos años, 2018 tiene perspectivas grises y tibias, de un mantenimiento que no sirve y de inmutabilidad de cifras vergonzosas como las de la pobreza. Si 2017 inició con una suba de la gasolina que disparó los precios de muchos productos y servicios, 2018 inicia con el riesgo de que la liberación de los precios de los combustibles se traduzca en ajustes constantes y en acuerdos en los que el principal perjudicado sea el consumidor.

No hay que esperar mucho de la política económica de este año. Pero sí podemos hacer mucho: desde una reingeniería de los gastos y una optimización de las inversiones personales hasta la proyección de nuevos empleos sobre la base del emprendimiento y la innovación. Si el mercado laboral formal no está pudiendo cubrir la demanda y si el crecimiento no sirve para distribuir riqueza, lo que se impone es una búsqueda urgente de alternativas, de incentivo a las microempresas y los proyectos innovadores, así como invertir en la educación financiera y en el estudio de nuevas oportunidades para generar riqueza y atender las necesidades sociales descuidadas por los grandes indicadores.

@hfarinaojeda