Economía empática

Optimismo moderado

El repunte de los pronósticos de los organismos internacionales en cuanto al crecimiento de la economía mexicana, así como las buenas noticias en cuanto a los ingresos por el auge del turismo, las remesas y la buena proyección de las inversiones chocan contra la incertidumbre que genera la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las cercanías del proceso electoral en 2018 y el todavía lento andar de la economía estadounidense en los primeros meses de la administración Trump. Por un lado, se anuncia que “lo peor” ya pasó en cuanto a lo económico, pero por el otro lado hay pocas certezas sobre el futuro y mucha urgencia sobre los problemas sociales que hay que atender.

Hace unos días, la consultora JP Morgan auguró un horizonte optimista para dentro de cinco años: las reformas estructurales comenzarán a tener frutos, habrá una mayor inversión y una recuperación en la producción petrolera, con la consecuente mejorar en los ingresos. Todo esto pese a la incertidumbre que se vive por lo que pudiera resultar de las negociaciones del TLCAN y bajo la esperanza de que la inflación finalmente se controle en 2018, ya que actualmente el nivel de incremento de los precios supera ampliamente las expectativas del gobierno.

Si bien la economía sigue atrapada en un crecimiento mediocre y los pronósticos para 2017 y 2018 rondan el 2 por ciento, la sensación es que se ha asimilado bien el embate de los primeros meses de Trump y que las negociaciones sobre los acuerdos comerciales pueden resultar convenientes. Se mantiene la incertidumbre pero con mayor moderación, lo que también da paso a un optimismo moderado, con esperanzas de que una paulatina recuperación de los ingresos y del crecimiento.

Lo crítico del asunto es que más allá de que algunos indicadores den buenas señales y de que las proyecciones para dentro de un lustro sean optimistas, hay una realidad social profunda que requiere mucho más que buenas señales y buenas esperanzas. No ha mejorado la cuestión del empleo ni se ha modificado en lo más mínimo la mala calidad de los salarios, lo que hace que millones de familias no puedan mejorar su condición de vida a raíz de ingresos insuficientes. Todavía hay una brecha enorme entre los grandes indicadores y las necesidades de la gente, como si las inversiones, los ingresos petroleros, el crecimiento y la estabilidad estuvieran divorciados de la mayoría de la población.

Detrás de las buenas proyecciones a nivel macro hay una urgencia de internalizar los números y de lograr que la riqueza fluya hacia los estratos más necesitados de la sociedad. Y para ello una proyección fundamental es la del empleo: ¿qué tipo de trabajo, con qué salarios y con qué seguridades habrá en los siguientes años? Mientras no mejoren los ingresos de la gente y no se recupere el poder adquisitivo, las buenas proyecciones seguirán siendo excluyentes. Deberíamos buscar la manera de construir un optimismo compartido, en el que todos sientan que las bonanzas son incluyentes.

@hfarinaojeda