Economía empática

Los ninis y la incertidumbre económica

Parece más que una advertencia, más que una especulación como las que se dan en el sistema financiero. Es un toque de alerta que debería llamarnos a plantearnos qué estamos haciendo mal y qué podemos hacer para evitar que en algunos años nos encontremos en una situación todavía más precaria que la actual. Me refiero a la noticia del incremento de la cantidad de “ninis”, los jóvenes de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan, en los países de América Latina. De acuerdo con un reciente informe del Banco Mundial, hay alrededor de 20 millones de ninis, lo que equivale a que uno de cada cinco jóvenes latinoamericanos se encuentra en esta situación.

Lo curioso es que la noticia salte justo en el momento en el que todos los reflectores apuntan a la volatilidad de la cotización del dólar y a los efectos derivados de la disminución del precio internacional del petróleo. Es decir, la preocupación mediática pareciera concentrarse en el fenómeno de la volatilidad ocasional y no en el fenómeno de la falta de preparación profesional y la incapacidad del mercado laboral de generar oportunidades para los jóvenes. Precisamente, en tiempos de incertidumbre, inestabilidad y especulación deberíamos prestar más atención a nuestras fuerzas internas, que son las que nos ayudan a sobrellevar los momentos de crisis.

Los datos indican que en México hay aproximadamente 7.5 millones de ninis, jóvenes que enfrentan la terrible situación de no contar con la formación adecuada para acceder a las oportunidades de un mercado laboral que tampoco da certezas, que excluye y paga malos salarios. Si las condiciones señalan claramente que cada vez se requiere más formación profesional, en tanto tenemos el problema de los salarios devaluados y de la insuficiente generación de puestos de trabajo, entonces estamos ante un problema gigantesco que amenaza al presente y a las generaciones venideras.

La cuestión no se trata solo de mano de obra desocupada ni de fuerza laboral desaprovechada, sino que es algo más profundo: generaciones de jóvenes que no están siendo preparados para construir las oportunidades que necesitan, por lo que probablemente nos encontremos ante la incubación de generaciones frustradas. Y debería ser al contrario: México cuenta con el bono demográfico, es decir con la mayor parte de su población en edad de trabajar, por lo que más que nunca se debería apuntalar el crecimiento económico y renovar la forma de producción y distribución de la riqueza.

En la economía del conocimiento, no formar a nuestros jóvenes equivale a más desigualdad, más pobreza y más exclusión en el futuro cercano. Tanto el gobierno como los empresarios y las universidades tendrían que reflexionar profundamente sobre el futuro que estamos construyendo al descuidar a los jóvenes. Necesitamos apostar más por las universidades, por la innovación, el emprendimiento y los empleos de calidad. Hoy es una urgencia. Mañana puede ser una tragedia.

 

Twitter: @hfarinaojeda