Economía empática

Contra los malos pronósticos

Las perspectivas para la economía mexicana no son las más favorables. Con un cierre apretado para 2016 y con una visión poco optimista para 2017, los analistas privados consultados recientemente por el Banco de México dicen que el crecimiento para el año que viene será de aproximadamente 1.7 por ciento. Esto indica que no sólo nos espera un año difícil en cuanto al crecimiento, sino que la presión inflacionaria -con precios que están rebasando los topes esperados-, la depreciación del peso frente al dólar y la incertidumbre en cuanto a las inversiones y los efectos negativos que pueda traer el gobierno de Trump configuran un escenario muy complicado en el corto plazo.

Los pronósticos son duros. Pero si pensamos en que cuando hubo bonanza y crecimiento importante el resultado no fue favorable para todos, entonces tenemos que la situación es más complicada para una gran parte de la población que no alcanza a salir de la pobreza ni mejorar su condición de vida pese a que los grandes indicadores reflejen repuntes. Con una marcada desigualdad en cuanto al ingreso, cuando crece la economía los pobres se quedan pobres, y cuando se anuncia que el crecimiento será mediocre, no se puede esperar algo mejor. La crisis del empobrecimiento de la gente es tan grave que no se vislumbran tiempos mejores. Ni con crecimiento, ni mucho menos con una contracción.

Más que en los indicadores que presumen los gobiernos y que ahora se ven amenazados por malas coyunturas, los pronósticos nefastos contra los que hay que luchar son los que señalan la pobreza, la precariedad y la carencia de mecanismos para mejorar la calidad de vida. Casi oculta entre los grandes números y los discursos grandilocuentes que llenan los medios de comunicación, la economía familiar libra todos los días una batalla por la sobrevivencia. Contra la falta de apoyo, el escaso financiamiento, la corrupción y la burocracia, millones de empleos y millones de futuros dependen de que algún emprendimiento funcione y genere ingresos. Es ahí en donde se vive una crisis que no ha cambiado pese a promesas y discursos, pese a indicadores macroeconómicos y bondades en los grandes ingresos del país.

En tiempos de incertidumbre y en medio de grandes urgencias sociales, la recuperación de la economía familiar es fundamental para pensar en hacerle frente a los malos pronósticos. Hace años eran la tierra, los recursos naturales, la ganadería y la agricultura los que representaban el capital más importante. Hoy ya no es suficiente con esto, sino que se requiere del conocimiento y la educación para la generación y la administración de la riqueza. El conocimiento es tan importante que cuando una familia carece de personas educadas, la probabilidad de que su economía sea buena es cada vez menor.

Recuperar la economía de las familias, darles la oportunidad de la educación, de emprender y de generar riqueza, debería ser el imperativo para los siguientes años. El crecimiento que se requiere es profundo y no sólo de indicadores superficiales.

Twitter: @hfarinaojeda