Economía empática

El ejemplo de innovar

El acercamiento entre México e Israel para la modernización del acuerdo comercial, así como para la cooperación bilateral en varios campos, como la ciberseguridad, abre una perspectiva interesante más allá del comercio y de la diversificación de los mercados de exportación. Se trata de uno de los países más innovadores del mundo, con un ecosistema de empresas tecnológicas que se encuentran a la vanguardia en cuanto a invención y emprendimiento. El interés mutuo en hacer negocios es una oportunidad para explorar uno de los ejemplos más exitosos en cuanto a la aplicación del conocimiento al desarrollo tecnológico y la consiguiente generación de riqueza.

Con pocos recursos naturales, en un territorio marcado por un conflicto histórico con los vecinos árabes, la fuerte apuesta por la ciencia y la tecnología ha logrado que el país sea reconocido como la nación de las startups o empresas de tecnología, además de lograr un nivel extraordinario en cuanto a inventos. Las grandes multinacionales tienen sus ojos en este rincón del Medio Oriente, en donde por medio del talento, la creatividad y la visión de futuro convierten ideas en negocios: desde aplicaciones populares como Waze -utilizada por millones de personas en el mundo para reducir los tiempos de manejo, facilitar el tráfico y encontrar caminos alternos-, hasta plataformas gratuitas para sitios web como Wix. Las ideas se vuelven proyectos, empleos y riqueza.  Lo curioso es que al mismo tiempo que se buscan acuerdos comerciales nuevos y que se vislumbran grandes posibilidades en el campo de la innovación, en México la situación del presupuesto 2018 apunta a un recorte en rubros extraordinariamente sensibles: educación y salud. Un análisis del presupuesto 2018 realizado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria da cuenta de que el recorte implica una inversión 1.4 por ciento menor que en 2017, lo que afectará negativamente a la operación de las instituciones educativas. Dicho de otro modo, menos recursos para la educación equivalen a menos competitividad y un freno importante a la innovación.

Con una inversión insuficiente en materia educativa, la posibilidad de la innovación se aleja. Mientras que los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) invierten en promedio 10,182 dólares al año por estudiante, en México la cifra es de apenas 3,703 dólares. Y si a esto le sumamos el rezago histórico en cuanto a educación y el escaso 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) destinado a ciencia y tecnología, debemos entender que mientras no se generen las condiciones, será difícil aprovechar las oportunidades en la economía del conocimiento.  ¿Cómo hicieron países como Israel o Singapur para tener condiciones que permitan emprender, innovar y generar riqueza? Más que nuevos mercados para vender lo de siempre, habría que buscar la estrategia para que el talento, el emprendimiento y la innovación sean la fuente de riqueza. Es cuestión de aprender y aplicar.

@hfarinaojeda