Economía empática

Iniciativas para la equidad

El gobierno francés encabezado por el presidente, Emmanuel Macron, puso en marcha esta semana una interesante iniciativa educativa que busca atender las desigualdades que se dan en el seno de la formación: las clases de primaria en las zonas más desfavorecidas tendrán un límite de doce estudiantes por aula, como una forma de buscar mejorar el rendimiento escolar de los niños. Mientras que el promedio de estudiantes por aula es de 23 en la educación primaria francesa, en las escuelas de las zonas rurales y con mayor rezago el número se reducirá a casi la mitad.

La propuesta apunta a las necesidades de formación de los estudiantes en los inicios de la escuela para atacar problemas en la raíz de las dificultades escolares. Si en el principio se mejoran las capacidades y habilidades en cuanto a lectura, escritura y matemáticas, es más probable que los niños puedan obtener una preparación de mayor calidad para la vida profesional. Al reducir la cantidad de estudiantes por aula se pretende una educación más personalizada que eleve la calidad de lo que se aprende, de manera que los niveles sean equiparables a los de las zonas más favorecidas, como la capital y las grandes ciudades.

En sociedades tan desiguales como las latinoamericanas, el ejemplo francés debería servir para mirar a las regiones desfavorecidas en cuanto a la educación, la economía y todo lo social. No sólo necesitamos descomprimir la concentración de la riqueza en cuanto a los ingresos sino crear las bases para la equidad: llevar la educación de calidad a las comunidades que hoy están excluidas y favorecer desde ahí la radicación de empresas, la generación de empleos bien remunerados y sobre todo darle a la gente la posibilidad de planificar, emprender y administrar su propia fuente de riqueza.

En tiempos de la economía del conocimiento, un país con tanta desigualdad como México debe trabajar con urgencia en medidas que favorezcan la equidad, lo que implica la inclusión educativa, no solo en cuanto al acceso sino en cuanto a calidad. Y además, como bien lo dijo hace unos días Robert Kaplan, profesor emérito de la escuela de negocios de Harvard, hay que pensar en negocios inclusivos para que las poblaciones de escasos recursos puedan incorporarse a la producción y la generación de riqueza. El viejo modelo centralista no pudo resolver el problema de la inclusión y derivó en sociedades altamente desiguales, con una marcada concentración de la riqueza a costa de millones de pobres.

Si pensamos en la paradoja de que los estados del sur son los más pobres pese ser los que cuentan con petróleo y otras riquezas naturales -por lo que deberían ser los más ricos-, debemos concluir que sin conocimiento no existe riqueza, por lo que para favorecer el desarrollo es imperioso que llegue la educación de calidad y que se trabaje en las capacidades de la gente. Es a partir de la inclusión en la economía del conocimiento, en los negocios y en la innovación que podemos pensar en equidad. Hacia ahí debemos ir.

@hfarinaojeda