Economía empática

Las fuerzas vivas de la economía

La aceleración de la economía mexicana en el último trimestre, con un repunte de 2.6 por ciento anual, se presenta como una buena noticia relativa en el contexto de un crecimiento que sigue y seguirá siendo insuficiente para atender las demandas sociales. Mientras la buena nueva del repunte superó las previsiones de los analistas, se mantienen las previsiones de crecimiento moderado para este y el siguiente año: de 2 a 2.8 por ciento en 2015, y de 2.6 a 3.6 por ciento en 2016, de acuerdo a las estimaciones de la Secretaría de Hacienda.

Si bien en el último trimestre se produjo una mejoría gracias al consumo interno y al buen momento de la industria automotriz, el panorama sigue siendo muy complicado, sobre todo porque detrás de los grandes indicadores macroeconómicos hay problemas de fondo no resueltos, como la pobreza que alcanza a cerca de la mitad de la población, los salarios bajos y la pérdida del poder adquisitivo. Esto implica que no solamente no se podrán atender las necesidades de una población empobrecida, sino que esa misma falta de solución hace que el consumo se frene, lo cual afecta al crecimiento que tanto se añora. En otras palabras, será muy difícil mantener un repunte sobre la base del consumo interno si es que primero no se atienden las necesidades de la gente.

En los últimos 30 años el crecimiento económico mexicano ha sido mediocre, en tanto los números de la pobreza no muestran mejoría ni atisbos de haber sido alcanzados por la tan mentada “derrama económica”. Paradójicamente, el crecimiento trajo desigualdad y más que una derrama que signifique distribución podríamos hablar de “los dueños del recipiente”, que concentran los ingresos y sólo dejan que se vierta una parte de la riqueza. Ejemplos hay muchos, como el que se dio tras la crisis de 2009: cuando la economía volvió a crecer, los ricos se recuperaron en menos de dos años, en tanto los que viven en situación de pobreza…siguen igual o peor.

Un serio cuestionamiento que debemos hacernos es cómo lograr atender las necesidades sociales de quienes más lo necesitan, sobre todo teniendo en cuenta que las estrategias han fallado en tiempos de bonanza. Estamos en un momento en el que difícilmente podemos esperar buenos resultados del crecimiento, porque cuando hubo no alcanzó para todos, y cuando no hubo, peor. Es decir, las bonanzas del mercado no fueron ni serán suficientes para corregir la situación de precariedad en la que viven millones de personas.

El desafío para construir un crecimiento constante y equitativo pasa por atender las necesidades de las fuerzas vivas de la economía: la gente. Y para esto requerimos mirar la economía desde dentro, más de allá de los grandes indicadores, para buscar soluciones al desempleo, la informalidad, los bajos salarios, la escasa preparación de los recursos humanos o el limitado apoyo a los emprendedores. Es ingenuo esperar que la economía cambie a la gente. Lo que debemos hacer es invertir en la gente para que cambie la economía.

 

Twitter: hfarinaojeda